Ciudad del Vaticano (EFE, ANSA, AFP, Reuters) - El papa Benedicto XVI afirmó ayer durante la apertura del XI Sínodo de los Obispos, en la basílica de San Pedro, que «la exclusión de la religión de la vida pública es una hipocresía».
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«La tolerancia, que admite a Dios como una opinión privada pero que la quita de la vida pública, de la realidad del mundo y de nuestra vida, no es más tolerancia, sino hipocresía», sostuvo el pontífice ante la totalidad de los obispos, con excepción de los cuatro representantes chinos.
El Papa condenó la voluntad del hombre «de poseer el mundo y su propia vida, descartando a Dios, considerado para ellos como un obstáculo». «Un mundo sin Dios es un mundo en el cual prevalecen el arbitrio y la opresión, el derramamiento de sangre y la injusticia, los poderes y los intereses de parte», subrayó.
«Si Dios es tolerado sólo como hecho privado, y es expulsado de la vida pública, la sociedad pierde la brújula de la misericordia y del amor hacia el prójimo», agregó el pontífice. Este es un problema que embiste a Occidente y la Iglesia en Europa, nudo central del catolicismo, lugar clave para Benedicto XVI.
El Papa lanzó estas severas palabras en la inauguración del Sínodo de los Obispos, el primero de su pontificado, con una misa solemne que presidió en la basílica de San Pedro. El Sínodo está dedicado a la «Eucaristía, fuente y culminación de la vida y de la misión de la Iglesia», tema elegido por Juan Pablo II. La asamblea de los obispos se abrió con la ausencia de cuatro obispos chinos invitados por Ratzinger.
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