Tras sus revelaciones, Snowden recibió asilo en Rusia.
La información sobre el exinformante de la Inteligencia estadouniense Edward Snowden obtenida por los servicios secretos británicos con sus polémicas operaciones contra "The Guardian" estaba encriptada y no puede ser utilizada, reveló el periodista del diario que publicó el caso, Glenn Greenwald.
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Además, anunció que en breve publicará más revelaciones del caso Snowden, que destapó el escándalo por el masivo espionaje internacional de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA). "Tenemos una serie de cosas casi listas para imprenta", adelantó Greenwald a "Zeit Online".
"Las autoridades no pueden descifrar un código bien utilizado", explicó en una entrevista publicada por la web de noticias alemana. "Ni siquiera grandes computadoras de alto rendimiento pueden. Por eso el contenido de los archivos es ilegible".
Las autoridades británicas retuvieron durante horas en el aeropuerto de Heathrow a la pareja de Greenwald, el brasileño David Miranda, y le quitaron la computadora y lápices de memoria USB. Días más tarde, "The Guardian" denunció que dos agentes de la Inteligencia británica destruyeron discos duros con material de Snowden.
Greenwald explicó que existen copias de los documentos "en varios lugares", por lo que atribuyó las operaciones de la Inteligencia a un intento de "intimidar" a la prensa: "Sabían que destruir discos duros no servía de nada".
Además, se conoció que el primer ministro, David Cameron, solicitó a un funcionario que presione al diario The Guardian para que entregue la información filtrada por el ex técnico de la CIA, Edward Snowden, revelaron hoy los matutinos The Independent y Daily Mail.
El premier le pidió al ministro del Gabinete, Jeremy Heymood, que se contactara con el matutino para recuperar los documentos sobre los programas masivos de vigilancia de Estados Unidos y el Reino Unido.
Fuentes gubernamentales explicaron que la decisión se tomó para evitar que la información caiga "en manos equivocadas", lo que consideraron pondría en riesgo la seguridad británica.
El "apriete" habría contado con la aprobación explícita de Cameron, su vice, Nick Clegg, y el ministro de Asuntos Exteriores, William Hague.
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