Asalto a la mezquita deja ya 60 muertos. Se teme por los rehenes
-
Gustavo Petro viajó a Venezuela y tuvo su primer encuentro con Delcy Rodríguez
-
Trump prórroga por otros 90 días la exención de la ley "Jones" para facilitar el transporte de petróleo en EEUU
La Mezquita Roja, escenario ayer de feroces combates entre soldados del gobierno paquistaní y rebeldes fundamentalistas, está enclavada en el centro de Islamabad. La revuelta es un desafío directo al gobierno de Pervez Musharraf, un aliado clave de EE.UU.
Las fuentes militares añadieron que varios integristas seguían en los sótanos de la Jamia Hafsa, con un «buen número» de rehenes y que estaban montando una «desesperada» defensa de sus posiciones. El portavoz del ejército, Waheed Arshad, explicó que los radicales disponían de un arsenal de granadas, minas, cebos explosivos y hasta lanzagranadas.
La Mezquita Roja de Islamabad, situada en un barrio comercial en el corazón de la capital paquistaní, se había convertido hace seis meses en un peligroso foco integrista, con su clérigo principal, Abdul Aziz, hermano del líder muerto, amenazando en sus sermones del viernes con atentados suicidas si Musharraf no imponía totalmente la ley islámica («sharia») en el país.
Los estudiantes de sus dos madrasas (para varones y mujeres) habían secuestrado a prostitutas, policías y, más recientemente, a siete ciudadanos chinos, lo que creó un conflicto para Musharraf con Pekín, uno de sus principales aliados (ver aparte). Sus acciones provocaron temor de que se expandiera el extremismo proveniente de las regiones tribales fronterizas con Afganistán. Según informaciones del Pentágono, allí se escondería el líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden. De hecho, los atrincherados en la Mezquita Roja imaginaban su «martirio»como el inicio de una revolución islamista en Pakistán.
En su última comunicación telefónica con un canal de televisión, Rashid Ghazi había pedido a sus seguidores que venguen su muerte y prosigan su «yihad» contra Musharraf. «Lucharé hasta la última gota de mi sangre», proclamó. Y en su supuesto último comunicado por escrito, divulgado por los medios locales, el clérigo comparó el asalto a la mezquita con «el campo de batalla de Kerbala (Irak), porque los cuerpos sin vida de niños y mujeres están por todas partes».
El gobierno de Estados Unidos respaldó ayer el ataque a la mezquita. El portavoz del Departamento de Estado, Tom Casey, afirmó que los militantes habían sido advertidos muchas veces antes de que el ejército paquistaní tomaría el control del templo tras el fracaso de las negociaciones. «El gobierno de Pakistán ha actuado de manera responsable», dijo Casey, quien agregó que «todos los gobiernos tienen la responsabilidad de preservar el orden». El auge de los islamistas no deja de ser achacable a las autoridades, que durante décadas potenciaron a los radicales porque les sacaban partido en Afganistán y en la disputada zona india de Cachemira, aseguró Tauseef Ahmed, profesor de la Universidad Urdú de Karachi. «Es el final trágico de años de políticas aplicadas por la jerarquía militar», acusó.




Dejá tu comentario