11 de abril 2003 - 00:00

Asesinan a uno de los líderes chiítas

Londres (ANSA, AFP) - Uno de los más importantes religiosos chiítas iraquíes, Abdul Majid al-Khoei, considerado un «moderado» y aliado de Estados Unidos, fue asesinado ayer junto a uno de sus colaboradores en el interior del Mausoleo de Alí, en la ciudad santa de Najaf, en el sur de Irak. La víctima había retornado recientemente al país, luego de pasar 12 años de exilio en Londres, desde donde lideró un grupo opositor a Saddam Hussein, pero distante al mismo tiempo de las posturas de otros dirigentes chiítas afines a Irán.

El atentado puede convertirse en una dramática señal de los enfrentamientos que se vislumbran entre las fracciones chiítas luego del derrumbe del régimen de Saddam Hussein y bajo la ocupación de las fuerzas anglo-estadounidenses del sur iraquí.

• Ataque

Jawad al-Khoei, sobrino de la victima, desde Qom ciudad santa chiíta vecina a Teherán, Irán, admitió que el asesinato fue «un ataque a traición» y se lo adjudicó a una «venganza entre grupos chiítas».

Desde Londres, Fadhel Milani, vocero de la fundación que preside la familia al-Khoei, afirmó que el religioso fue atacado por un grupo de personas armadas en el interior del Mausoleo de Alí en Najaf.

El vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, condenó «con firmeza» el asesinato y el canciller británico, Jack Straw, lo calificó de «espantosa tragedia»
.

Al-Khoei, que portaba el turbante negro de los descendientes de Mahoma, era hijo del ayatollah Abul Qasim al-Khoei, líder espiritual de los chiítas iraquíes, muerto en 1992 mientras cumplía un arresto domiciliario en Najaf.

• Perseguido

Mientras su padre era perseguido por los guardias de Saddam Hussein, Al-Khoei se fugó a Londres en 1991 y durante el exilio había fundado la asamblea chiíta de Irak, considerada una organización moderada, comparada con el Supremo Consejo para la Revolución Islámica en Irak, con base en Teherán y apoyado por el régimen iraní.

Al-Khoei había regresado a Najaf hace pocos días, cuando se iniciaron las acciones bélicas, con el aval de los fuerzas anglo-estadounidenses. Entre los grupos chiítas rivales, había surgido la sospecha de que Al-Khoei iba a tener un papel decisivo en el futuro gobierno de la región, con el apoyo de Washington y Londres. La víctima era uno de los colaboradores de confianza del ayatollah Al-Sistani, actual guía espiritual de los chiítas iraquíes.

Al-Sistani la semana pasada había instado a sus seguidores a no obstaculizar las operaciones militares anglo-estadounidenses en el sur de Irak.

Apenas hace 48 horas, el religioso asesinado había definido la situación de Najaf como «muy calma y segura» y anunció que se constituiría un «comité popular» para administrar la ciudad.

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