Asesinan a uno de los líderes chiítas
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El vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, condenó «con firmeza» el asesinato y el canciller británico, Jack Straw, lo calificó de «espantosa tragedia».
• Perseguido
Mientras su padre era perseguido por los guardias de Saddam Hussein, Al-Khoei se fugó a Londres en 1991 y durante el exilio había fundado la asamblea chiíta de Irak, considerada una organización moderada, comparada con el Supremo Consejo para la Revolución Islámica en Irak, con base en Teherán y apoyado por el régimen iraní.
Al-Khoei había regresado a Najaf hace pocos días, cuando se iniciaron las acciones bélicas, con el aval de los fuerzas anglo-estadounidenses. Entre los grupos chiítas rivales, había surgido la sospecha de que Al-Khoei iba a tener un papel decisivo en el futuro gobierno de la región, con el apoyo de Washington y Londres. La víctima era uno de los colaboradores de confianza del ayatollah Al-Sistani, actual guía espiritual de los chiítas iraquíes.
Al-Sistani la semana pasada había instado a sus seguidores a no obstaculizar las operaciones militares anglo-estadounidenses en el sur de Irak.
Apenas hace 48 horas, el religioso asesinado había definido la situación de Najaf como «muy calma y segura» y anunció que se constituiría un «comité popular» para administrar la ciudad.




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