30 de marzo 2007 - 00:00

"Ataque militar sería desastroso"

Washington - A Manuchehr Mohamadi aún se le quiebra la voz cuando habla de las torturas que él y su hermano Akbar sufrieron en la cárcel. Ambos fueron dos de los principales líderes de la revuelta estudiantil pro democrática que el régimen iraní sofocó brutalmente en 1999. Akbar pagó con la muerte su rebeldía el 30 de julio. Manuchehr tuvo más suerte. Gracias a la presión internacional, su régimen penitenciario fue suavizado en el otoño (boreal).

En ese momento decidió intentar escapar. Hizo creer al régimen que estaba dispuesto a colaborar y desvincularse del activismo político, lo que le permitió conseguir un permiso de tres días. A través de sus lazos con la oposición kurda, pudo cruzar por las montañas la frontera con Irak, donde le esperaba un avión norteamericano para trasladarlo a EE.UU.

Manuchehr atribuye su liberación a la intervención directa de Richard Perle, gurú «neocon», y de Jalal Talabani. El presidente iraquí puso a su disposición su guardia personal para evitar su asesinato a manos de alguna milicia pro iraní.

Desde noviembre, Mohamadi reside en Washington como refugiado político.

Periodista: ¿Cree que la idea de atacar Irán va en serio?

Manuchehr Mohamadi: Ahora mismo no existe un consenso al respecto. Hay un sector (en la Administración Bush) que apuesta claramente por esta opción, mientras que el otro se muestra reticente a causa de la debilidad de la posición norteamericana. Veremos de las dos cuál se impone.

P.: ¿Cree que una confrontación militar con Irán podría derrocar el régimen de los ayatolás?

M.M.: Un ataque a Irán sería un desastre de consecuencias impredecibles para la región. Y además, no traería nada bueno para el pueblo iraní, incluso si provocara el colapso del régimen. Un nuevo gobierno que llegara de la mano de EE.UU. no tendría ninguna legitimidad para una gran parte de la población. El ejemplo de Irak muestra que cuando una potencia extranjera interviene para favorecerintereses de una facción, existe un riesgo de guerra civil.

P.: ¿Cómo es posible generar un cambio político?

M.M.: A través de una revolución pacífica. Aunque aparentemente nada se mueva en Irán, esto no es así. Una revolución es como un plato de cocción a fuego lento. Requiere paciencia para que se creen las condiciones adecuadas. Y cuando éstas se dan, sólo falta una chispa que provoque la llamarada.

P.: ¿Qué podría hacer Occidente para ayudar a ese proceso?

M.M.: Facilitar el procesamiento de los líderes del régimen por sus crímenes fuera del país, ya que los deslegitimaría a ojos de la población. Desde la oposición en el exilio estamos preparando una campaña de demandas en tribunales de diversos países occidentales.

P.: ¿El motivo del programa nuclear iraní es conseguir la bomba?

M.M.: Por supuesto, pero no para utilizarla contra Israel, sino para blindar el futuro del régimen. Además, la cuestión nuclear se utiliza para desviar la atención de los fracasos del gobierno. La propaganda oficial lo presenta como una cuestión de orgullo nacional.

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