Atentado en Pakistán dejó al menos 82 muertos
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El atentado tiene una gran carga simbólica para la ciudad de Pesahwar porque la iglesia de Todos los Santos es un lugar que representa la armonía interreligiosa en un país que, según sus fundadores, nació como un refugio para los musulmanes, pero también para las minorías.
De hecho, la fachada exterior de la iglesia es similar al de una mezquita y el barrio en el que se encuentra, conocido como la Puerta de Kohati, alberga varios templos cristianos y de otras confesiones.
Por eso, tras las explosiones, los negocios y los mercados populares del barrio cerraron y decenas de personas se lanzaron a las calles para repudiar el nuevo acto de violencia y la incapacidad de la Policía para frenar la sucesión de ataques sectarios.
Los atentados y la violencia son parte de la vida cotidiana en esta provincia, que limita con el cinturón tribal fronterizo con Afganistán, un territorio que nunca ha estado bajo completo control del Estado paquistaní y que alberga a facciones del grupo Talibán y distintos grupos yihadistas.
En un comunicado, el primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, se mostró "conmocionado" por el ataque, y afirmó que "los terroristas no tienen religión" y que "atacar contra gente inocente va contra las enseñanzas del Islam y de cualquier fe".
En las últimas semanas Sharif había dado algunas señales de acercamiento con los talibanes paquistaníes y otros grupos islamistas radicales.
El Estado paquistaní tiene una relación ambivalente con estos movimientos extremistas y armados.
Por un lado, Islamabad los fomentó y apoyó de forma clandestina para desestabilizar al vecino gobierno indio en la región de Cachemira, que ambos países se disputan hace décadas, y también permitió que la zona tribal se convirtiera en plataforma para desestabilizar a otro vecino, Afganistán.
Pero por otro lado, al anotarse victorias en los campos de batalla, estos grupos islamistas paquistaníes empezaron a cuestionar a las autoridades de su propio país y a demandar una mayor islamización del Estado y la sociedad.
Por eso, pese a ser enemigos declarados del Estado paquistaní, las milicias islamistas y los grupos radicales han ganado poder sistemáticamente en su país en las últimas décadas.
Hace dos semanas, en una conferencia multipartita organizada por el gobierno, Sharif acordó ofrecer a los insurgentes iniciar un diálogo para poner fin a la violencia, pese a lo cual aún no comenzaron las negociaciones formales.
Después del atentado, algunas personalidades, como la ex ministra de Información y ex embajadora en Washington Sherry Rehmán, instaron al premier a abandonar la idea de negociar con los islamistas.
Según datos oficiales de 2001, cerca del 97% de los más de 180 millones de habitantes del país son musulmanes, mientras que los cristianos no llegan al 2% de la población.
En marzo de 2011 fue asesinado el ministro de Minorías, el dirigente católico Shahbaz Bhatti, en uno de los atentados más importantes contra representantes de la fe cristiana en el país.
A su muerte le siguió una ola de ataques contra las minorías del país, aunque recientemente también creció la violencia contra la rama chiita de Islam, contraria a los Talibán, especialmente en la ciudad occidental de Quetta con cientos de víctimas fatales.



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