Atentaron contra el vice de EE.UU. en Afganistán
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El vicepresidente
Dick
Cheney, en
diciembre de
2006 junto a
las tropas
estadounidenses
en
Afganistán.
Un hombre
es trasladado
inconsciente
a un hospital
tras el
atentado en
la base
norteamericana
de
Bagram.
El ataque, uno de los más sangrientos perpetrados en Afganistán desde la caída del régimen talibán en 2001, fue reivindicado por teléfono por un portavoz de los talibanes, Yussuf Ahmadi.
«No puedo confirmar la reivindicación de los talibanes. Evidentemente, los talibanes buscan constantemente los medios para debilitar al gobierno. No podemos decir que son inocentes, pero tampoco podemos confirmar su culpabilidad», declaró por su parte una portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino.
Cheney había llegado el lunes a Afganistán procedente de Pakistán y tuvo que pasar la noche en la base de Bagram debido a una fuerte nevada que le impidió viajar a Kabul.
Por su parte, en Kabul, Cheney subrayó a Karzai que «Estados Unidos se quedará en Afganistán todo el tiempo que sea necesario», al tiempo que aseguró el apoyo de Washington al ejército, la policía y las instituciones afganas.
El vicepresidente abandonó poco después Afganistán, a donde llegó el lunes, procedente de Pakistán. En este último país se entrevistó con su presidente, Pervez Musharraf, al que pidió que extreme su lucha contra los talibanes y Al-Qaeda en la frontera con Afganistán.
La coalición extranjera en Afganistán, que dirige Estados Unidos, está integrada por unos 11.000 efectivos, en su gran mayoría de nacionalidad norteamericana, junto a otros 35.000 soldados pertenecientes a la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) de la OTAN.
Estados Unidos y Reino Unido, los países que más contribuyen a esta fuerza extranjera, prometieron reforzar su contingente para luchar contra los talibanes. Unos 27.000 militares estadounidenses se desplegarán en este país, mientras que el lunes, el ministro británico de Defensa, Des Browne, anunció el envío de unos 1.400 soldados. Unas 4.000 personas, sobre todo insurgentes, civiles y policía afgana, murieron en 2006, el año más mortífero desde la caída del régimen talibán en Afganistán.




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