Benedicto XVI arribó a México y dijo que rezará "por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades"
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Benedicto XVI fue recibido por el presidente Felipe Calderón y su esposa.
Calderón, al recibirlo en el aeropuerto, declaró que su visita "alentará el esfuerzo de los mexicanos y reconfortará el alma" de un país que "ha sufrido la violencia descarnada y despiadada de los delincuentes".
"El crimen organizado muestra hoy un siniestro rostro de maldad como nunca antes", afirmó Calderón en alusión a las macabras ejecuciones, decapitaciones y desmembramientos que practican las bandas de narcotraficantes.
Este viernes, poco antes de la llegada del Papa, siete personas fueron asesinadas a quemarropa en Sinaloa (noroeste), y en el balneario de Acapulco (sur) fueron halladas cuatro cabezas humanas.
Benedicto XVI también subrayó la necesidad de que la Iglesia Católica sea más reconocida en México, un país laico, y criticó de manera indirecta a leyes como las aprobadas en la capital mexicana, donde se despenalizó el aborto antes de las 12 de semanas de embarazo y se permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Los católicos mexicanos, que suman unos 90 millones, deben ser "fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable diginidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar", dijo.
En declaraciones en el avión, el Papa se refirió a Cuba, su segunda y última escala en esta gira latinoamericana.
Benedicto XVI destacó la voluntad de los católicos "de ayudar a un diálogo constructivo para evitar los traumatismos" en la isla, en momentos en que el gobernante Raúl Castro pone en práctica una serie de reformas económicas, apoyadas en forma crítica por la iglesia católica cubana, convertida en su interlocutor privilegiado.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, respondió que el gobierno comunista de la isla escuchará "con respeto" al Papa, y que el pueblo cubano "tiene convicciones hondas".
El Papa, un alemán que cumple 85 años en abril y que no irá a la capital mexicana debido a su altura (2.300 metros sobre el nivel del mar), saludó afectuosamente a decenas de niños, mujeres e indígenas venidos desde distintos puntos de México y vestidos con sus trajes típicos.
En el trayecto de 34 km hacia la ciudad de León, donde pasará las tres noches de su estancia en México, decenas de miles de personas se apretujaban para ver su paso y recibir su bendición.
"Esta es la juventud del Papa", y "Benedicto, hermano, ya eres mexicano" coreaba constantemente la muchedumbre, compuesta mayormente por estudiantes. Pese a la emoción, en el ambiente flotaba cierta nostalgia por el carismático Juan Pablo II, que visitó cinco veces México.
"No se siente lo mismo que lo que sentimos durante las visitas de Juan Pablo Segundo. No transmite la misma alegría y la misma emoción", afirmó Luz María Pérez, de 42 años, mientras esperaba la comitiva papal.




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