Benedicto XVI: "La Iglesia no tiene miedo del futuro"
Benedicto XVI inauguró ayer su papado con una misa en el Vaticano. En ella se mostró como un continuador de Juan Pablo II, prometió apegarse mesuradamente al legado del Concilio Vaticano II y prometió trabajar por la unidad de los cristianos. El Pontífice alemán es consciente de que su designación puso en guardia a los sectores más aperturistas de la Iglesia y, por ello, buscó dar señales de mesura y de diálogo.
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Benedicto XVI, ayer, en la primera misa de su pontificado. El nuevo Papa volvió a emocionar al evocar a Juan Pablo II.
«Me parece sentir su mano fuerte que estrecha la mía, me parece ver sus ojos sonrientes y escuchar su palabra, que vuelve en este momento particularmente hacia mí: no tener miedo», confesó Ratzinger en la homilía pronunciada en latín. «En la actual sociedad globalizada», Ratzinger dijo recibir una Iglesia «más valiente, más libre y más joven que mira con serenidad el pasado y no tiene miedo del futuro».
• «Con ustedes, queridos jóvenes, futuro y esperanza de la Iglesia y de la humanidad, continuaré el diálogo, escuchando sus deseos, intentando ayudarlos a encontrar siempre lo más profundamente posible a Cristo viviente, eternamente joven.» Pocas horas antes, la Capilla Sixtina en la que se ofició la misa y que alberga los famosos frescos de Miguel Angel, se había llenado de humo al fallar la chimenea que debía producir la fumata blanca, según contó el cardenal holandés Adriano Simonis, en una de las pocas infidencias del cónclave.
En otro de los trascendidos conocidos sobre el cónclave secreto, el arzobispo alemán de Colonia, Joaquim Meinsner, reconoció que Ratzinger « obtuvo más votos de los dos tercios necesarios» (77 votos sobre 115).
De acuerdo con lo que trascendió en medios italianos, el cardenal jesuita Carlo María Martini, quien padece una enfermedad degenerativa que lo anuló como opositor a Ratzinger, destrabó la elección al dar vía libre al sector liberal que lideraba para que votaran al alemán. Según el trascendido, Ratzinger había llegado a las puertas de los dos tercios de los sufragios, en la tercera votación del mediodía.
• Disidencia
Martini habría impulsado al centrista arzobispo de Milán, Dionigi Tettamanzi, como un modo de que no se dispersara el voto opositor a Ratzinger, lo que fue evidentemente insuficiente ante la figura del alemán, acrecentada por las homilías del funeral de Juan Pablo II y «Pro Eligendo Romano Pontifice», horas previas al cónclave. El belga Godfried Danneels, quizás el más reformista de los cardenales que votaron, dejó trascender que no dio su apoyo a Ratzinger como Papa número 265 de la historia. «Ha sido elegido de manera legítima por el colegio de cardenales, pero si me preguntas si es el candidato ideal, es otra cuestión», dijo al diario «De Morgen». Según el periódico «La Libre Belgique», Danneels no participó de la cena nocturna posterior a la fumata blanca. El revuelo de la Plaza San Pedro de los días previos se trasladó ayer a la vecina Piazza della Citta Leonina, sobre el ala izquierda de la basílica, donde Ratzinger tuvo su departamento en los últimos 20 años. «Benedicto» ( aplausos), «Benedicto» (aplausos), parece ser el nuevo rito de los jóvenes católicos.
El Papa cruzó la calle para radicarse momentáneamente en la residencia que albergó a los cardenales durante el cónclave, y jóvenes latinoamericanos, muchos mexicanos, dieron rienda suelta a su amor por el nuevo Pontífice.
«El Santo Padre ha decidido por el momento quedarse en el departamento de la Residencia Santa Marta», había dicho horas antes el vocero oficial, Joaquín Navarro Valls. Al mediodía, el Papa almorzó con algunos colaboradores en esa misma residencia.
La TV oficial difundió imágenes de Ratzinger recorriendo las dependencias de la vivienda que ocupó Juan Pablo II y que había permanecido sellada tras su muerte. La Plaza San Pedro tomó ayer la fisonomía habitual, a excepción de la masiva presencia periodística. La brasileña Divina Alighieri se atrevía a criticar en el centro de San Pedro a un Papa «que no va a dar amor, que no va a entender a Latinoamérica». «El Papa anterior dio mucho amor y creo que la alegría que vivimos el martes se debió a la emoción que sigue produciendo Juan Pablo II, no a Ratzinger», decía ante este diario. «Hay que esperar, en la Iglesia hay lugar para todos», le respondía una mexicana. Todo parece listo para la misa del domingo a las 10, con la que Ratzinger dará inicio formal al pontificado. Se espera que asistan hasta 500.000 personas, aunque la gran cita que permitirá medir el carisma de Benedicto XVI parece ser la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en agosto en Colonia, Alemania, su país natal.




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