Forzado por la gran oposición interna y de varios países europeos, el primer ministro británico, Tony Blair, realizó ayer múltiples gestiones para acercar posiciones entre EEUU y los gobiernos que resisten un ataque a Irak. Esta situación, que no cayó bien en el gobierno de George W. Bush (Donald Rumsfeld apeló a una seria advertencia), significaría darle a Saddam Hussein plazo hasta fin de mes y no hasta el lunes próximo para desarmarse. EEUU, ante la evolución de los hechos, dejó trascender que aceptaría un alargamiento de los tiempos si los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU votan esta semana una nueva resolución que dé un ultimátum a Irak.
De todas maneras, esta situación obligaría a Estados Unidos, según algunas versiones, a evaluar la posibilidad de
Consultado sobre una eventual negativa del Parlamento británico a un involucramiento militar en Irak si el presidente George W. Bush apela a la fuerza sin apoyo de la ONU, Rumsfeld respondió: «Lo que será decidido finalmente» en Londres «no está claro».
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