24 de mayo 2004 - 00:00

Boda, Sarmiento y el RR heredado de Franco

El Rolls Royce Phantom IV, parte de la herencia que recibió Juan Carlos I de Francisco Franco, fue el vehículo usado el sábado por la flamante pareja de príncipe y periodista.
El Rolls Royce Phantom IV, parte de la herencia que recibió Juan Carlos I de Francisco Franco, fue el vehículo usado el sábado por la flamante pareja de príncipe y periodista.
Madrid (especial) - Entre alabarderos, coraceros a caballo, lanceros, escoltas en Harley Davidson, clarineros, timbaleros, quince mil policías nacionales y dos mil policías municipales, avanzó el majestuoso Phantom IV, el Rolls Royce, de Francisco Franco que llevó al Sha de Persia, al Aga Khan y a Porfirio Rubirosa.

La boda fue tan sonada como en los tiempos en que los reyes tenían el poder de curar las escrófulas. Fue más rumbosa que el casamiento de Alfonso XII en la que Mercedes de Orleans lució una corona de cinco mil brillantes con un peso de veintiún onzas. Entonces (1878) hubo ángeles con canastillas de flores, cascadas y fuentes,colgaduras, banderas, gallardetes y fuegos artificiales. Entonces sólo desfilaron cien caballos, ciento noventa hombres de la Guardia Real, dieciocho coches y trece Grandes de España.

• Recuerdos de viajero

También fueron superiores los toreros y las corridas que impresionaron a don Domingo Faustino Sarmiento, cuando vino a España en 1846 acompañado de Alejandro Dumas y estuvo presente en los festejos del casamiento de la reina Isabel II con su primo gay, el príncipe don Francisco de Asís, aquél a quien la reina castiza y ninfómana le dijo en la noche de bodas: «Paquita, llevas más puntillas que yo».

Sarmiento
, desde un balcón de la Plaza Mayor, iluminada por setecientos hachones, donde se celebraba la corrida, según nos cuenta en su libro «Viajes».

Don Domingo encontró la ciudad engalanada para la boda real y escribió: «La arquitectura de Madrid revela el gusto nacional por los espectáculos y el largo y tradicional hábito de paradas militares, cortejos y procesiones. De todos los puntos de España ha acudido una inmensa multitud. Cuando los nobles novios se dirigieron a Nuestra Señora de Atocha para recibir la bendición.

El sábado, ciento cincuenta y ocho años después, vimos en la pantalla de televisión el mismo Madrid, la misma basílica de Atocha, y el mismo balcón del Palacio Real desde donde el príncipe y la periodista saludaron a la muchedumbre. Vimos la misma calle de Alcalá, engalanada con banderas, gallardetes, tapices y grandes decorados que sirven para ocultar algunos viejos edificios que desdicen la imagen que quiere presentarse al mundo. A esos mil doscientos millones de personas que presenciaron la «boda del milenio». Sólo ha cambiado la carroza, tirada por ocho caballos, que ha sido sustituida por el Rolls Royce que don Juan Carlos heredó del dictador Franco al mismo tiempo que la corona.

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