Bolivia ratificó que la "nacionalización sigue en marcha"
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El vicepresidente, Alvaro García Linera.
La decisión del gobierno boliviano de tomar el control de las destilerías, a dos semanas de las elecciones presidenciales de Brasil, provocó un marcada enojo en el mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, quien compite por su reelección.
Hubo una gestión del canciller brasileño, Celso Amorim, con Evo Morales, en La Habana, que determinó que el mandatario boliviano decidiera "congelar" la medida por un tiempo, pero eso disparó una crisis interna en el gobierno de La Paz, que se reflejó en la renuncia del ministro Soliz Rada, aunque de inmediato fue reemplazado por el titular de la cartera de Planificación, Carlos Villegas.
El flamante ministro de Hidrocarburos se alineó de inmediato con el vicepresidente García Linera, al aludir al "espíritu de negociación" del país andino.
"Tenemos una postura y un espíritu amplio para la negociación, también vamos a tener una postura firme para la aplicación del decreto de nacionalización, para que recuperemos la cadena hidrocarburífera y para que construyamos una empresa estatal acorde a los retos y a las necesidades del país", sentenció.
Anunció, igualmente, que las negociaciones que mantiene con las empresas petroleras que operan en el país continuarán el próximo lunes, tal como estaba previsto.
El país andino, con las segundas mayores reservas de gas de la región, puso en marcha un proceso de nacionalización que prevé, entre otros, la refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), así como la firma de nuevos contratos petroleros.


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