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México le concedió el asilo a Morales, mientras el caos se esparcía por el país

Un día después de la renuncia forzada, grupos oficialistas y opositores se enfrentaban en las calles. Al cierre de esta edición las Fuerzas Armadas amenazaban con intervenir.

La Paz - México concedió ayer asilo político a Evo Morales porque “su vida corre peligro”, informó el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, un día después de que el líder indígena abandonara el cargo tras presiones militares. Pese a la renuncia masiva de los cúpula del poder, la tensión seguía alta en todo el país y se vivían horas cargadas de dramatismo.

Al cierre de esta edición, un avión de la Fuerza Aérea mexicana había llegado a Lima, donde esperaba la autorización de la aeronáutica boliviana para retirar a Morales. No tenía una hora programada para partir.

La crisis política estalló en Bolivia tras los comicios del 20 de octubre, en los que Morales fue reelecto en un proceso fuertemente cuestionado por la oposición -que clamó fraude- y la Organización de Estados Americanos (OEA).

“Hace unos momentos recibí una llamada del presidente Evo Morales mediante la cual respondió a nuestra invitación y solicitó verbal y formalmente asilo político en nuestro país”, reveló el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, quien horas antes había asegurado que el exlíder cocalero fue víctima de un “golpe” de Estado lanzado por el Ejército.

“La cancillería mexicana ha decidido concederle asilo político al señor Evo Morales por razones humanitarias, en virtud de la situación de urgencia que se enfrenta en Bolivia, en donde su vida y su integridad corren riesgo”, agregó.

Ebrard aseguró que México pidió a La Paz que le otorgue un salvoconducto a Morales, quien gobernó Bolivia desde 2006, para que se respete su “libertad” e “integridad personal”. No detalló si el exmandatario se encontraba en alguna legación diplomática mexicana en Bolivia.

México tiene una larga trayectoria de dar asilos políticos. El político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre estuvo asilado en el país en la década de 1920 y en 1937 el revolucionario ruso León Trotsky también llegó al país en busca de protección, donde finalmente fue asesinado poco más de dos años después.

Ebrard contó que la decisión de asilar a Morales se la comunicaron a la OEA y se la harán saber a Naciones Unidas.

Más temprano, el Gobierno mexicano había asegurado que sólo reconoce a Morales como presidente “legítimo” de Bolivia y denunció que su dimisión fue forzada por un “golpe” dado por el Ejército que violentó el orden constitucional.

Mientras tanto, una columna de centenares de partidarios de Morales avanzaba ayer por la tarde hacia La Paz desde la vecina ciudad de El Alto, en momentos en que el expresidente Carlos Mesa denunciaba un inminente ataque a su casa.

La marcha partió en la tarde desde El Alto, bastión del líder izquierdista. Mientras tanto, en el centro de La Paz, los pocos comercios que estaban abiertos se apresuraron a cerrar sus puertas.

Mesa, principal rival de Morales en los cuestionados comicios de octubre, dijo en Twitter que tenía informes de que “una turba violenta” se dirigía hacia su hogar “con la intención de destruirlo”, por lo que pidió ayuda a la Policía.

La llegada de partidarios de Morales hace temer que haya choques con manifestantes opositores, protagonistas de las masivas protestas que condujeron a la renuncia del primer presidente indígena de Bolivia el domingo.

La Policía ha estado ausente de las calles de Bolivia desde que estallaron motines en cuarteles de tres ciudades el viernes, pero ayer la institución anunció que retomaría las tareas de vigilancia.

Por su parte, las Fuerzas Armadas anunciaron en un comunicado que “ante la escalada de violencia y hechos vandálicos”, que estallaron en La Paz el domingo en la noche tras la renuncia de Morales, puso en marcha una operación para “resguardar los servicios públicos esenciales para garantizar su funcionamiento”.

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