Brasil - La crisis política en Brasil alcanzó ayer un punto de inflexión, cuando el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, y del Supremo Tribunal Federal, Dias Toffoli, entre otros, impidieron, mediante gestiones de último momento, que Jair Bolsonaro despidiera a su ministro más popular, el titular de Salud, Luiz Henrique Mandetta, debido al apego de este a las medidas de cuarentena contra el COVID-19 y a su rebeldía contra la consigna presidencial de normalizar la vida económica del país. La intención del jefe de Estado, dada por hecha por la prensa brasileña, encontró un freno anoche en factores de poder de los que aquel depende, lo que marca de modo dramático su aislamiento y debilidad.
Se deshilacha Bolsonaro: quiso echar al ministro de Salud pero el establishment se lo impidió
Luiz Mandetta, cuya popularidad duplica a la del presidente por su rol en la pandemia, contradijo a este y respaldó las cuarentenas de los estados. Lo salvaron el Congreso y el Supremo.
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Misión. “Un médico no abandona a su paciente”, dijo el ministro Luiz Mandetta, pero sus entredichos con Jair Bolsonaro fueron demasiado lejos.
Mandetta goza de una aprobación del 76%, según una encuesta divulgada ayer por Datafolha, más del doble que la del debilitado jefe de Estado, quien se ha aislado de todos los factores de poder por su postura anticuarentena y su insistencia en minimizar el Covid-19, al que ha calificado de “gripecita”.
“No se hasta cuándo me voy a quedar como ministro”, fue citado Mandetta en medio de una jornada de versiones, apenas horas después de que señalara que, pese a sus entredichos permanentes con Bolsonaro, no planeaba renunciar porque “un medico no abandona al paciente”, en este caso Brasil, que está en medio de un peligro de espiralización de la pandemia.
Mandetta se sirvió de una mezcla de experiencia técnica y audacia política para capitanear “desde la ciencia” el combate contra el nuevo coronavirus, contrariando a un presidente que le reprochó públicamente “falta de humildad”.
Hace dos meses, cuando la Covid-19 se veía todavía desde lejos en Brasil, este ortopedista pediátrico y político con amplia experiencia en gestión sanitaria empezó a ofrecer conferencias de prensa televisadas en las que advertía de que tarde o temprano el virus llegaría al país y que se avecinaban meses “extremadamente duros”.
Con su chaleco azul, su oratoria paciente y didáctica y su voz ronca y segura, se fue ganando la confianza de los brasileños ante el avance del nuevo coronavirus, que ya ha dejado un número de muertos superior a 500.
Otra encuesta Datafolha, realizada entre el miércoles y el último viernes, mostró que el índice de aprobación de Mandetta en relación a la crisis sanitaria subió de 55% el 20 de marzo a 76%, más duplicando la de Bolsonaro, que bajó de 35% a 33%.
A Bolsonaro lo irritó también que el ministro de Salud haya dado el martes de la semana pasada su rueda de prensa flanqueado por sus dos ministros estrella, Sergio Moro (Justicia) y Paulo Guedes (Economía), quien apoyó las medidas de distanciamiento social “bajo las orientaciones de Mandetta”.
“No pretendo destituirlo [a Mandetta] en medio de la guerra”, había dicho Bolsonaro el jueves a la radio Jovem Pan. “Ninguno de mis ministros es inamovible. En algún momento Mandetta se extralimitó. Tendría que escuchar más al presidente de la República, le está faltando un poco más de humildad”, advirtió con todo.
Nacido en Campo Grande, capital del estado de Mato Grosso do Sul (centro-oeste), Mandetta inició su carrera como médico en el Hospital General del Ejército y ocupó varios cargos de gestión sanitaria, entre ellos la Secretaría Municipal de Salud de su ciudad natal. Después, fue dos veces diputado federal, entre 2010 y 2018, con el partido conservador DEM.
En Brasilia conoció al entonces diputado Bolsonaro, a quien lo unió la oposición al gobierno izquierdista de Dilma Rousseff (2011-2016), en especial al programa “Más Médicos” (la misión médica cubana en Brasil). En 2019, se convirtió en uno de los pocos ministros con experiencia política en el Gobierno de Bolsonaro, que prefirió rodearse de funcionarios de perfil técnico o de militares.
“Mandetta fue un fiel escudero de Bolsonaro, de los pocos que creyó en sus posibilidades. Participó activamente en la campaña y en la elaboración del programa de gobierno”, afirmó el politólogo Thiago Vidal, de la consultora Prospectiva.
“El problema es que el discurso técnico del ministro quedó en conflicto con el discurso político de Bolsonaro. Y a Bolsonaro no le gusta la competencia”, sobre todo con personalidades “política y técnicamente más calificadas” que él, agregó.




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