Rio de Janeiro y Asunción (Reuters, AFP, ANSA, EFE) -El gobierno de Brasil parecía resignar ayer su idea de construir un muro de 2,5 metros de altura y 1,3 kilómetro de extensión con Paraguay en la zona de la Triple Frontera, destinado a frenar el contrabando. La marcha atrás se conoció ayer, después de la conmoción que la noticia había generado en Asunción y de que el canciller paraguayo, Rubén Ramírez, se trasladara especialmente al país vecino para reclamar explicaciones.
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La Receita Federal (AFIP brasileña) emitió ayer a la tarde un comunicado en el que desautoriza declaraciones previas de algunos de sus directores, ampliamente divulgadas por la prensa, que habían hablado abiertamente de la construcción del muro, del que dieron detalles de características, materiales y hasta costo. «No hay ninguna intención de construir un muro para separar los dos países, pero sí de facilitar las relaciones comerciales legítimas y el flujo turístico», dijo -ambigua-la Receita, que prometió dar más detalles.
El canciller Ramírez había anticipado esa aclaración en dichos a radios de Asunción, tras reunirse en Rio de Janeiro con su colega brasileño, Celso Amorim. Según señaló, éste le había asegurado que «no se trata de ninguna manera de un muro, se trata de un mejoramiento de la infraestructura de la seguridad».
Según se había informado inicialmente, el muro separaría a Brasil de Paraguay en los márgenes del río Paraná, bajo el Puente de la Amistad que une a los dos países, con el fin de combatir el contrabando en la zona. La valla, cuyo costo fue estimado en 2,2 millones de dólares, iba a ser construida con un material irrompible no revelado y tendría una placa de acero. Así se pretendía evitar el traspaso ilegal de mercancías que ocurre en esa frontera, entre las poblaciones de Foz de Iguaçu (Brasil) y Ciudad del Este, que es una gran zona de libre comercio en Paraguay, informó la asesoría de prensa de la Hacienda pública brasileña.
Decomisos
«La única alternativa es cerrar el área e impedir que las mercaderías pasen por allí», había dicho Christiane Larscher, directivo de la Receita Federal (la AFIP brasileña), al anunciar el muro y al disparar la inquietud de Asunción.
Ese organismo decomisó el año pasado en la llamada Triple Frontera mercancías contrabandeadas por 77 millones de dólares. Sólo entre enero y febrero último, la cifra trepó a 5,7 millones de dólares, 36% más de lo decomisado en el mismo período de 2006.
Cada día 4.000 personas cruzan ese puente con mercancías de Paraguay en dirección a Brasil, según la misma fuente oficial.
Miles de personas se dedican al «contrabando hormiga» en el área, principalmente lanzando los productos por el puente, los cuales son recuperados por debajo de las aduanas para ser introducidos ilegalmente en Brasil.
EE.UU. también ha expresado reiteradamente su preocupación por supuestas actividades ligadas al terrorismo islamista en la zona, repetidamente desestimada por Brasil y Paraguay.
La primera parte de las obras en el centro aduanero fueron iniciadas el pasado año, pero los contrabandistas continuaron encontrando cómo lanzar sus productos sin pasar por el mismo. Las nuevas obras, que iban a incluir el muro, fueron licitadas a fines del año pasado y deben terminar hacia el mes de julio, se informó.
La noticia sobre el muro provocó también reacciones a nivel privado. Gustavo Volpe, presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), señaló que «es un disparate, una estupidez, traído de los pelos. Con esa muralla no van a solucionar el problema del contrabando. Ellos se ensañan con Ciudad del Este».
El empresario destacó que la actitud brasileña «indica a las claras las pocas ganas de integración del Brasil» e insinuó que tras la reciente visita de George W. Bush a Brasil, el presidente norteamericano habría convencido a Luiz Inácio Lula da Silva de copiar su modelo: Estados Unidos construye un muro en la frontera con México para impedir la entrada de ilegales.