Brasileños protestaron contra la corrupción y la autoamnistía en marchas con moderada asistencia
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La manifestación en la avenida Paulista en San Pablo.
"Lava Jato es nuestro patrimonio", proclamó un orador desde un camión de sonido de la organización Vem Pra Rua (VPR, Sal a la calle) en la playa carioca de Copacabana. "Los políticos están empavorecidos", añadió.
"Estamos aquí para mantener viva la indignación", dijo a la AFP Adriana Balthazar, diseñadora de moda y coordinadora en Rio de VPR.
Ya en otras ocasiones, la presión de estos movimientos en la calle o en las redes sociales obligaron a Temer a frenar proyectos de amnistía de financiaciones ilegales de campañas electorales.
Ahora esperan que ocurra lo mismo con proyectos como el de organizar las elecciones de 2018 con un sistema de listas cerradas, que permitiría a políticos denunciados ser reelectos sin hacer campaña en nombre propio, ganando así un nuevo mandato de inmunidad parlamentaria.
La movilización no alcanzó sin embargo nunca el mismo volumen que el de 2015-2016 contra Rousseff y su predecesor Luiz Inácio Lula da Silva.
Ciertos analistas afirman que los brasileños, golpeados por más de dos años de recesión económica, podrían empezar a dar señales de cansancio ante los escándalos a repetición.
El último de ellos fue el de los sobornos pagados por frigoríficos a inspectores para vender carne vencida, afectando las exportaciones de la potencia agroganadera sudamericana.
Vem Pra Rua, el Movimento Brasil Livre (MBL) y otros grupos que participan en las protestas acompañan sus denuncias contra la corrupción con una agenda económica liberal.
Eso les corta en principio el apoyo de grupos de izquierda, aunque muchos de estos --empezando por el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula-- ven en Lava Jato ante todo una retorcida maniobra para impedir que el exlíder sindical, objeto de cinco acusaciones, se presente a las próximas elecciones.
Temer podía por ello contar con cierta tolerancia de manifestantes que en 2015 exigieron la salida de Rousseff, satisfechos por la tentativa de sanear las cuentas públicas con medidas de austeridad.
Pero el mandatario tuvo que hacer concesiones en el proyecto de reforma de las jubilaciones y su ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, anunció una próxima alza de impuestos para cubrir los rojos fiscales.
Iniciativas que encendieron las alarmas en medios empresariales.
La Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP), que apoyó abiertamente la movilización contra Rousseff, publicó anuncios que increpan directamente a Meirelles.
"El gobierno no está disminuyendo ningún gasto. Y quiere aumentar impuestos", proclamó Sergio, un empresario octogenario que no dudó en salir a manifestarse en Rio.
Otro dilema de los manifestantes es el de quién podría beneficiarse de una barrida general de la clase política.
El orador del camión de sonido de VPR aseguró que "hay políticos honestos y decentes, que son los que van a sacar adelante al país" una vez que los comicios de 2018 permitan desembarazarse de "todo lo que hay de podrido".
Pero en un país donde la corrupción endémica y el desempleo récord se combinan con el auge de la criminalidad, hay quienes miran con cierta nostalgia la época de la dictadura militar (1964-1985).
"Cuando hay caos social, el Ejército tiene que intervenir, está legalmente obligado a intervenir, afirmó Paulo Rachid, un ingeniero de 63 años, de Rio.





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