Roma - La llegada de un número cada vez mayor de inmigrantes ilegales tiene en vilo a la mayoría de los países de la Unión Europea, que pretenden crear ahora un cuerpo de policía que defienda las fronteras del viejo continente. A través de una armonización y endurecimiento de las leyes nacionales sobre inmigración, acogida y derecho de asilo, los Quince pondrán en marcha hoy un proceso para frenar esa masiva llegada de «ilegales».
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En ese sentido, 28 ministros europeos se reunirán hoy en Roma para discutir los medios para frenar el fenómeno, exitosamente explotado en varios países por partidos de ultraderecha. Según un sondeo realizado recientemente por Eurostat, 91% de los europeos estiman que la principal preocupación actual es la seguridad, un concepto que la ultraderecha relaciona directamente con la inmigración ilegal.
A la reunión, organizada por el gobierno italiano, asistirán los quince ministros del Interior de la Unión Europea junto con los trece ministros de los países candidatos a adherir a la organización. Los funcionarios evaluarán un estudio de factibilidad realizado por Italia para la creación de un cuerpo único de policía europea que controle las fronteras ante la llegada de ilegales.
Las conclusiones de la reunión de Roma servirán de base para la cumbre de la UE sobre inmigración que se celebrará a fines de junio en España.
Según datos del Consejo de la UE, en los quince países que conforman la organización viven cerca de 11 millones de inmigrantes legales y varios millones de ilegales, cuya cantidad exacta es difícil de cuantificar.
«Defender las fronteras de la inmigración clandestina y también del terrorismo es un problema en el que todos coinciden, por lo que se debe resolver de manera común, con iguales métodos, instrumentos y fuentes de financiación», afirmó a la prensa el ministro del Interior italiano, Claudio Scajola, que desde hace ocho meses trabaja sobre el tema, con el apoyo de España, Francia, Alemania y Bélgica.
Por su parte, el gobierno de Silvio Berlusconi comenzó ayer a examinar una nueva ley nacional sobre inmigración, más estricta, propuesta por dos líderes de derecha, Gianfranco Fini, de la ex neofascista Alianza Nacional, y Umberto Bossi, de la xenófoba Liga Norte.
El flujo cada vez mayor de inmigrantes ilegales hacia Europa (el año pasado ingresaron a la UE cerca de 400.000) y en particular a Italia, es considerado uno de los problemas más delicados del gobierno, que prometió resolverlo cerrando las fronteras a todos los que no tengan un contrato de trabajo.
En tanto, la inmigración ilegal fue también el tema central de una cena compartida por el presidente francés Jacques Chirac y el canciller alemán Gerhard Schröder el lunes en París. Según transcribió el diario español «La Vanguardia», ambos mandatarios aseguraron que «nuestros países se toman muy en serio las razones humanitarias, pero también somos plenamente conscientes de la necesidad de controlar y encauzar la inmigración».
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