20 de abril 2004 - 00:00

Bush cambia delegado ante el caos de Irak

Paul Bremer
Paul Bremer
Washington y Berlín (EFE, ANSA, DPA) - George W. Bush decidió cambiar de delegado en Irak para afrontar la cada vez más difícil transición iraquí. El mandatario republicano nombró a su actual embajador en Naciones Unidas, John Negroponte, como encargado de la «superembajada» que representará a EE.UU. en Bagdad después del traspaso formal de soberanía el 30 de junio, y reemplazará al actual regidor Paul Bremer, que soporta críticas por la caótica situación del país árabe.

La delegación estadounidense contará con 3.000 empleados desde julio. «Es una misión muy difícil, pero no hay duda de que puede hacerlo», indicó Bush en referencia al diplomático de 64 años. La designación es entendida como un gesto de la Casa Blanca hacia mayor injerencia de la ONU en el destino iraquí, que es reclamada por numerosos países.

El 30 de junio está previsto que una asamblea de líderes regionales forme un nuevo gobierno, pero tanto la seguridad como las cuestiones fundamentales del país seguirán bajo la órbita estadounidense. Los chiitas, que son mayoría de la población, exigen elecciones lo antes posible y la salida de las tropas estadounidenses para que sean reemplazadas por una fuerza de Naciones Unidas.

• Dependencia

Las fuerzas armadas estadounidenses no estarán al mando del embajador desde julio, sino que seguirán dependiendo del Pentágono (Departamento de Defensa), y lo mismo ocurrirá con la policía y el ejército iraquíes.

Negroponte participó, en su larga carrera, de la negociación de los acuerdos que sacaron a EE.UU. de Vietnam y en la respuesta de Washington al desastre nuclear de Chernobyl en 1986. También fue embajador en Filipinas y México.

Fue embajador en Honduras (1981-85), cuando Estados Unidos financiaba a los «contras» con base en ese país y que luchaban contra el régimen sandinista nicaragüense.

Desde setiembre de 2001, Negroponte representa a EE.UU. ante Naciones Unidas, después de haber abandonado el servicio diplomático en 1997 para trabajar como ejecutivo de la empresa de comunicación McGraw-Hill.

Los ministros de Relaciones Exteriores de Alemania y Francia,
Joschka Fischer y Michel Barnier, respectivamente, reclamaron en Berlín una estrecha participación de las Naciones Unidas para que se produzca un «auténtico traspaso del poder en ese país». «Es importante que sea aprobada una resolución de la ONU 'útil y creíble'», dijo Barnier al término de su primera visita a Alemania tras asumir su cargo.

Fischer coincidió en que se debe lograr «un auténtico traspaso de la soberanía en el lapso acordado», reafirmando su alianza crítica de la guerra que se selló antes de la invasión.

En Italia, en cambio, el presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, expresó que su país mantendrá sus tropas, y que una vez producido el retiro de las tropas españolas,
«podemos aprovechar del hecho de ser considerados ahora como el aliado más cercano en Europa continental a Estados Unidos, que son la primera súperpotencia mundial». «El gobierno italiano envió sus fuerzas a Irak (3.000 hombres) para una misión de paz, al servicio del pueblo iraquí, sobre la base de la resolución 1511 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas», subrayó Berlusconi.

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