7 de octubre 2005 - 00:00

Bush: "La guerra al terrorismo no termina en Irak"

Washington (EFE, ANSA, AFP, Reuters) - El presidente estadounidense, George W. Bush, pidió ayer a la población «sacrificio» para terminar la tarea en Irak, donde, aseguró, no termina la guerra contra el terrorismo. Además, acusó a Siria e Irán de fomentar los atentados, y aseguró que su país y sus aliados desbarataron al menos diez «serios» ataques organizados por Al-Qaeda después del 11 de setiembre de 2001.

El mandatario denunció a los gobiernos de Damasco y Teherán al afirmar que «la influencia del radicalismo islámico es también magnificada por ayudantes y facilitadores» que fueron «acogidos por regímenes autoritarios, aliados de conveniencia como Siria e Irán, que comparten el objetivo de lastimar a Estados Unidos y a los islámicos moderados».

• Colaboracionistas

«Estamos determinados -dijo Bush- a negar a los grupos radicales el apoyo y refugio de los regímenes fuera de la ley». Según el presidente norteamericano, «Estados patrocinadores como Siria e Irán tienen una larga historia de colaboración con los terroristas, y ellos no merecen ninguna paciencia de parte de las víctimas del terror».

El mandatario habló ayer en la sede del National Endowment for Democracy (NED), una organización no gubernamental que impulsa programas de democratización en todo el mundo.

El presidente aprovechó la visita a esta organización, a pocas cuadras de la Casa Blanca, para reiterar los principales puntos de su estrategia contra el terrorismo. Cuando se le pidieron detallessobre los atentados que, según Bush, fueron bloqueados por Estados Unidos y sus aliados, el vocero de la Casa Blanca, Scott McClellan, recordó el caso de José Padilla y la presunta bomba atómica «sucia» que ese ex pandillero convertido al Islam pretendía hacer estallar. Sobre los demás episodios, McClellan dijo que se trata de « información todavía clasificada».

• Tesis reiterada

La intervención de Bush ante el NED tuvo lugar mientras en Bagdad un atentado dejó por lo menos 26 muertos -a 10 días del referéndum para aprobar la nueva Constitución- y las tropas estadounidenses conducían dos operaciones distintas en el valle del Eufrates y a lo largo de la frontera con Siria.

Bush reiteró su tesis de que
«Irak es el frente central de la guerra contra el terrorismo», pero advirtió que ésta no se agota allí. Paralelamente, el Senado se pronunció en favor de una prohibición explícita de las torturas a todo prisionero, manifestando su deseo de dar vuelta definitivamente la página sobre el escándalo de Abu Ghraib. A pesar de la oposición de la Casa Blanca, con 90 votos a favor y nueve en contra, la Cámara alta votó una enmienda que explícitamente prohíbe a los soldados torturar o maltratar a prisioneros y exigió una estricta adhesión a los protocolos de interrogatorios militares.

En respuesta, Bush renovó su amenaza de vetar el presupuesto de Defensa por 440.000 millones de dólares, en el que está contenida la disposición, afirmando que ésta puede afectar la eficacia de la lucha contra el terror.

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