3 de mayo 2004 - 00:00

Bush, más satisfecho que Chirac, Putin y Schröder

La incorporación de ocho países - los otros son Chipre y Malta-que vivieron en carne propia la frustración comunista es, paradójicamente, mejor recibida en Washington que en grandes capitales europeas como Berlín y París.Aunque por diferentes motivos, Francia, Alemania, España y la no comunitaria Rusia tienen motivos para guardar cautela ante la ampliación de las fronteras comunitarias.

George W. Bush
, en cambio, recibe como una buena noticia que aliados suyos se sumen a los organismos de gobierno de la UE. Tal el caso de Polonia, en donde hasta el saliente primer ministro centroizquierdista Laszek Miller se comprometió con la invasión a Irak al punto de que su país tiene el tercer mando en importancia en la nación árabe, por detrás de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Jacques Chirac
, como la mayoría de los franceses a los que preside, aspira a un liderazgo continental que signifique un contrapeso a la excluyente hegemonía estadounidense. Cuenta con un aliado desde hace años, Gerhard Schröder en Alemania, y otro reciente, José Luis Rodríguez Zapatero en España. Nada mejor para Bush que el hecho de que Chirac deba lidiar ahora con diez nuevos integrantes que en muchos aspectos tendrán igualdad de derechos.

El Parlamento Europeo, que funciona en Estrasburgo, aumenta sus miembros a 788. Suma en total 162 diputados desde noviembre, pero además los 15 viejos miembros de la UE deben ceder diez representantes en promedio para dar lugar a sus pares de los nuevos países. La excepción fue Alemania, que conservará los 99 legisladores actuales.

Aun más compleja será la convivencia de los comisarios ministros, comunitarios que pasarán de 20 a 30 a partir del 31 de octubre, cuando finalice el mandato de los actuales funcionarios.

La distribución de los comisarios en favor de los nuevos miembros significará para Gran Bretaña, Italia, Alemania y Francia, perder a uno de sus dos representantes actuales.

El grupo de los 15 (antiguos) miembros afrontará preocupaciones que van desde la posibilidad de recibir nuevos flujos migratorios desde el Este hasta que las multinacionales opten, como lo están haciendo, por radicarse en ciudades como Bratislava, Praga o Budapest.

Rusia, que defiende su no integración de la UE, pero a la vez reclama la extensión de acuerdos de cooperación económica, deberá enfrentar la tenaz oposición de sus ex aliados soviéticos y actuales vecinos a que esos acuerdos se concreten. Lituania, Polonia, Estonia y Letonia, entre otros, recelan de Moscú por su pasado, pero también por su política presente, que se refleja claramente en el tratamiento del conflicto con Chechenia.

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