Bogotá (ANSA) - Unos 160 campesinos colombianos que hace 40 años se organizaron en milicias antiguerrilleras en un apartado pueblo de la cordillera andina le entregaron ayer al gobierno sus viejas armas y regresaron a sus paupérrimas casas bajo la protección del ejército.
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Las escopetas, en su mayoría de fabricación artesanal, fueron recibidas por la delegación gubernamental que asistió a una sencilla ceremonia en el municipio Cajibio, unos 600 kilómetros al sudeste de Bogotá. «Hacíamos un trabajo que le correspondía al gobierno, que no nos correspondía», dijo por radio uno de los campesinos que, durante 40 años, nunca abandonó su escopeta mientras se dedicaba a sus labores agrícolas.
A partir de ahora, 800 soldados del ejército se ocuparán de patrullar la región de Cajibio, escenario de enfrentamientos entre la guerrilla de las FARC y el ELN, por un lado, y los paramilitares de ultraderecha, por el otro.
Los campesinos armados que se desmovilizaron ayer no formaban parte de las AUC ni de ninguna otra organización paramilitar colombiana.
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