Con tormentas y apagones, Paraguay celebró su Bicentenario
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Miles de personas asistieron al desfile militar, policial y civil sobre la avenida Mariscal López, cuyo principal atractivo fue la marcha de unos 3.000 reservistas.
Rousseff canceló el viaje por recomendación médica, un día después de que el Senado de su país aprobara triplicar el pago que Paraguay recibe por la energía de la centra hidroeléctrica Itaipú, que ambos países comparten sobre el río Paraná.
El aumento fue fruto de un acuerdo entre Lugo y el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y permitió al gobernante paraguayo cumplir con un compromiso adquirido en la campaña que lo llevó al poder en el 2008.
Fortalecido por la decisión que le permitirá llevar a cabo postergados proyectos sociales, Lugo intentará además capitalizar el clima de júbilo cuando transcurre su tercer año de mandato y una parte de la ciudadanía se muestra decepcionada porque no percibe cambios, según encuestas recientes.
Las cosas tampoco han estado tan mal para Lugo, en parte debido al crecimiento económico sin precedentes de 15,3 por ciento que tuvo el país, cuarto exportador mundial de soja, por el aumento en los precios internacionales de las materias primas, que no obstante trajo consigo una creciente inflación.
Pero el dinero no llega a todos y el desafío para las autoridades sigue siendo un crecimiento sostenido que alivie la pobreza, que afecta a casi el 40 por ciento de los paraguayos. "Paraguay debe apuntar a una nueva independencia que es la superación de la pobreza. La reforma agraria todavía está en papeles y aún falta fortalecer a la sociedad civil para que sea un factor fundamental del cambio", dijo el sociólogo Luis Galeano al diario asunceno Ultima Hora.
Otra de las preocupaciones es la seguridad, un aspecto que el Gobierno no ignoró en los festejos. La policía desplegó unos 5.000 efectivos para dar cobertura a los distintos actos, en medio de rumores de posibles ataques del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo, responsable de secuestros y asesinatos durante la última década.
Varios puntos de la ciudad eran vigilados por militares armados con ametralladoras y tanquetas, y los ciudadanos eran minuciosamente inspeccionados a su ingreso a los espectáculos.
"Está bien que se festeje pero hay un gasto enorme y el país no está para eso. No hay trabajo y mucha gente deambula por las calles", dijo Mirta Domínguez, que registra apuestas de quiniela en un puesto callejero de Asunción.
Pero para Clara Benítez, una empleada de 36 años, los eventos han servido para elevar el ánimo de la población y acentuar el sentimiento patriótico. Los principales edificios estatales fueron remozados y cubiertos de banderas, y el movimiento cultural en la ciudad creció como nunca antes. "Asunción está hermosa, la gente está contenta y es bueno disfrutar aunque sea muy de vez en cuando", senaló.




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