Confiado, Lula busca un pacto de gobernabilidad
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Lula da Silva sigue mostrándose con deportistas. Hace poco había sido con el
boxeador «Popó» Freitas. Ayer, se presentó con el automovilista Felipe Massa.
El periódico «O Globo» identificó a los sectores dialoguistas y a los que dentro de la oposición quieren un «tercer turno», es decir, buscar en el Tribunal Superior Electoral la anulación del segundo mandato de Lula a causa de espionaje político.
En el primer grupo se encuentran los gobernadores electos de Minas Gerais, Aécio Neves, y de San Pablo, José Serra, ambos del PSDB.
En esta misma línea fue ubicado el ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1994-2002), casi sin poder dentro de su grupo, que calificó a la campaña electoral petista de «usar métodos nazis, como el miente, miente que algo quedará».
Tanto Neves como Serra son los principales candidatos que hay en Brasil actualmente para disputar la presidencia en 2010 y según fuentes de su partido no tienen intenciones de inmiscuirse en una disputa político-jurídica que los enfrente al gobierno federal. Ambos tienen buen diálogo con Lula.
La analista política Tereza Cruvinel ubicó en el sector que impulsa la «tercera vuelta» electoral a los sectores más conservadores del país, como el senador bahiano Antonio Carlos Magalhaes, caudillo del PFL derrotado por el PT en su estado, y el presidente del PSDB, Tasso Jereissati.
La petición de Lula ocurrió un día después del penúltimo debate televisivo. Durante el encuentro, la política externa y la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos que afectó los intereses de Petrobras entraron de lleno en la campaña electoral. La agenda diplomática es uno de los pocos asuntos en los que Lula y Alckmin exponen divergencias tangibles.
En esta oportunidad, Alckmin acusó a Lula de haber sido «sumiso» cuando el Ejército boliviano ocupó las instalaciones de Petrobras, en mayo pasado, tras la nacionalización decretada por el presidente Evo Morales. Como respuesta, Lula instó a Alckmin a «valorizar la política exterior, para no ser como los que piensan que deberíamos pegarle a Bolivia, pegarle a Venezuela, pegarle a la Argentina, y que sólo podemos aceptar lo que Estados Unidos quiera».
A pesar de que los candidatos debatieron por horas, la prensa brasileña coincidió en calificar el encuentro como «más de lo mismo». «Hasta un elector más interesado debe haber tenido dificultades para permanecer con los ojos abiertos delante de las mismas repeticiones», escribió el analista Josias de Souza en el diario «Folha de Sao Paulo». Según las primeras mediciones, el debate tuvo un «rating» de 17 puntos promedio, superior a los otros dos realizados hasta ahora. «La proximidad del día de la votación hizo que no se calentara tanto el clima del debate, que transcurrió con pocos ataques, ninguno de ellos personal», afirmó el periódico.
«El tucano (como se conoce a los socialdemócratas en Brasil) abandonó el estilo light del debate anterior y volvió al tono agresivo del debate del canal Bandeirantes, pero esta vez encontró a un Lula menos nervioso, con respuestas irónicas y de humor», escribe el diario «Estado de San Pablo».
Como ejemplo, «Estado» subrayó la respuesta del presidente a la acusación de Alckmin de que hizo un gobierno «para los banqueros», por las grandes ganancias acumuladas por los bancos en los últimos años. «Esos banqueros son ingratos, recibieron tanto de mí y votan por Alckmin», replicó el presidente, arrancando risas de la platea, al comentar encuestas que confirman el apoyo de empresarios y ejecutivos de bancos al candidato opositor.



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