Crece el caos y la desesperación en Filipinas por las demoras en ayuda
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Miles de filipinos se agolpan en los aeropuertos militares para huir.
"Llevamos tres días aquí pero no hemos conseguido tomar un avión. Quizás vamos a morir de hambre", explica Angeline, la madre de una niña de siete años que se desmayó entre la multitud.
Los vuelos que despegan y aterrizan en Tacloban todavía son muy "limitados" y los ferrys están abarrotados, admite Patrick Fuller, el portavoz de la Cruz Roja Internacional en la región Asia-Pacífico.
La ayuda internacional y los navíos militares occidentales tardarán días en llegar y por el momento la ayuda llega muy lentamente, a pesar de que las autoridades dijeron que vuelven a ser accesibles todas las carreteras de las dos islas más afectadas por el tifón, Leyte y Samar.
El balance de víctimas sigue siendo difícil de establecer. La ONU, que el martes pidió 301 millones de dólares (225 millones de euros) para ayudar a las víctimas, habló de 10.000 muertos en Tacloban, pero el presidente filipino, Benigno Aquino, considera la cifra es "demasiado elevada" e indicó por su parte entre "2.000 y 2.500" muertos.
El último balance provisional del gobierno filipino es de 2.275 muertos y 80 desaparecidos, aunque miles de cuerpos en descomposición siguen todavía esparcidos por las ciudades devastadas por el tifón.
El secretario del gobierno, Rene Almendras, reconoció que las autoridades están desbordadas por el número de muertos. "La razón por la que dejamos de recoger cadáveres es que ya no nos quedaban sudarios pero ahora tenemos 4.000" indicó.
En total, la ONU calcula que más de 11 millones de personas, el 10% de la población de Filipinas, se han visto afectadas por la catástrofe, y hay 673.000 desplazados.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cerca de tres millones de personas han perdido temporal o definitivamente sus medios de subsistencia.
Mientras tanto siguen llegando nuevas promesas de ayuda. El portaaviones George Washington con 7.000 marinos a bordo y otros navíos de la marina estadounidense partió camino a Filipinas.
Washington anunció además el envío de otros dos navíos con capacidad para desalar agua de mar.
Ante la incapacidad de los autoridades para proporcionar agua, comida, medicamentos y refugio, supervivientes armados saquearon los edificios de Tacloban que todavía siguen en pie, a pesar del toque de queda impuesto por las autoridades.
También preocupa la situación en otras islas filipinas aunque todavía harán falta "semanas" para tener una visión de conjunto de la situación, según el portavoz de la Cruz Roja internacional.



