Crisis política en El Líbano: el presidente se fue y dejó el poder acéfalo
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La oposición suele acusar al ejecutivo de ilegítimo desde la dimisión, el año pasado, de cinco de sus ministros chiitas y uno cristiano.
"Si no eligen a un nuevo presidente de consenso, con el apoyo requerido de dos tercios (tal y como reclama la oposición, afín a Lahud), tenemos hombres que se pueden imponer", advirtió Lahud.
Poco antes del fin de su mandato, el ahora ex presidente encomendó al ejército la seguridad del país, una orden que fue enérgicamente rechazada por el gobierno, que asumirá temporalmente las prerrogativas de la presidencia, tal y como manda la Constitución.
El vocero presidencial, Rafiq Shalala, justificó la medida porque "las actuales condiciones y peligros" podrían "llevar a (declarar) el estado de excepción".
"El gobierno es legítimo y constitucional" y "seguirá asumiendo su responsabilidad y ejerciendo sus prerrogativas", replicó Siniora en un comunicado.
A causa de la tensión imperante, las medidas de seguridad fueron reforzadas, sobre todo en
Beirut y sus alrededores.
Vehículos blindados, soldados y miembros de las fuerzas de seguridad se apostaron en las principales vías de la capital, mientras ciertas calles comerciales aparecían casi desiertas y muchas escuelas permanecieron cerradas por temor a atentados.
Sin embargo, tras la partida de Lahud cientos de personas, en su mayoría partidarios del líder de la mayoría parlamentaria, opuesta al control de Damasco, Saad Hariri, festejaron el acontecimiento en el barrio de Tarik Jdidé.
"Lo estamos celebrando porque el mandato de Lahud ha sido el periodo más oscuro de la historia del Líbano", afirmó Mazen Hammun, un vecino del barrio.
"Durante su mandato se asesinó a muchos mártires, incluyendo al primer ministro Rafic
Hariri", agregó.
La situación es de total bloqueo entre la mayoría parlamentaria antisiria, apoyada por Occidente, y la oposición prosiria, liderada por el movimiento chiita Hezbolá y que engloba además al movimiento cristiano de Michel Aoun y al del presidente del Parlamento, Nabih Berri.
Los jefes de la diplomacia francesa, italiana y española, Bernard Kouchner, Massimo d'Alema y Miguel Angel Moratinos, respectivamente, ya habían expresado su pesimismo el jueves tras tras viajar a Beirut para tratar de arrancar un acuerdo.
"No habrá, creo, la elección del presidente, lo que creará condiciones difíciles", declaró D'Alema el jueves por la noche. Para Kouchner, "aún es posible un milagro el viernes, pero creo que será un poco complicado".
Más allá del significado interno, la elección del jefe del Estado libanés está considerada por diplomáticos y observadores como un nuevo episodio del pulso que mantienen Estados Unidos y sus aliados occidentales con Siria e Irán.




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