Londres-En cuestión de ruidos, el Reino Unido es un remanso de paz. Para Tony Blair, sin embargo, aún puede hacerse un poco más para proteger a los ciudadanos de esos insolidarios vecinos que ponen la música alta, discuten a gritos con su pareja, permiten que el perro ladre día y noche o caminan por la vivienda con tacones de aguja como si estuvieran solos en el edificio y en el mundo.
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A partir del martes, esos vecinos que todos conocemos y que aquí se los apoda «del infierno» (neighbors from hell), tienen los días contados: si persisten en su actitud a pesar de las advertencias del presidente de la comunidad y de la propia Policía, serán expulsados de sus hogares durante tres meses.
Apremiado por el escaso tiempo que le queda en el cargo, el primer ministro británico presentó ayer su Plan de Acción del Respeto, un asunto estrella del Nuevo Laborismopero que se ha ido demorando desde 1997, cuando Blair llegó al poder diciendo que había que ser duro «con el crimen y con las causas del crimen». Así, hasta 16 ministros participaron el martes a lo largo de todo el día y por todo el país en la explicación de un plan que, para algunos, forma parte de la manía persecutoria del gobierno laborista.
• Prioridad
Desde enviar a las parejas que no son buenos padres a academias de formación hasta multar a los revoltosos con penas que van desde los 116 a los 145 euros, el plan se basa en la filosofía personal de Blair, según la cual tiene prioridad sobre cualquier libertad la de estar «a salvo del temor». La oposición lo criticó de inmediato.
Para los conservadores, se trata de encontrar soluciones a largo plazo y no se consigue nada multando a alguien sobre la marcha por empujar a otro en la calle. Para los liberaldemócratas, por su parte, la propuesta adolece de excesivo intervencionismo.
Como prueba, algunos de los ejemplos usados por el diario «The Independent», como el de la señora de 50 años que fue amonestada por agredir su hermano con una caña de ruibarbo.
Lo peor, para ambos partidos, radica sin embargo en la gran falla de este plan: que muchas de las medidas invierten la carga de la prueba y obligan al supuesto infractor a demostrar su inocencia. Los medios de comunicación tampoco se mostraron muy entusiastas. Para la mayoría, se trata una vez más de la tan criticada política de gestos populistas de Tony Blair.
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