El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a plantear la posibilidad de cambiar el nombre de un accidente geográfico y sugirió que uno de los océanos podría llevar su apellido. Durante un acto en Clarksville, Tennessee, el mandatario mencionó la opción de rebautizar el Atlántico o el Pacífico y propuso dos alternativas: “Trump Ocean” u “Ocean of the Americas” (“Océano de las Américas”).
La declaración se produjo después de que Trump impulsara cambios de denominación para otros espacios geográficos. La iniciativa se inscribe en una serie de medidas con las que el presidente busca instalar nombres asociados con Estados Unidos y su propia gestión.
Trump ya impulsó cambios en nombres geográficos
Durante su intervención, el mandatario recordó las modificaciones que promovió para el golfo de México, al que la administración estadounidense pasó a denominar “golfo de América” en el uso oficial federal, y para el lago Ontario, cuyo nombre también fue objeto de una iniciativa de cambio.
En ese contexto, Trump planteó que todavía quedaba un océano por incorporar a esa lista. La posibilidad de modificar el nombre del Atlántico o del Pacífico fue presentada durante el acto como una idea, sin que se anunciara una medida formal para llevarla adelante.
El cambio de denominación del golfo de México, impulsado por Trump al comienzo de su segundo mandato, se aplica a la nomenclatura utilizada por las agencias federales estadounidenses. Sin embargo, no obliga a otros países ni a organismos internacionales a adoptar el mismo nombre.
Una propuesta sin cambios oficiales por ahora
La sugerencia de rebautizar un océano no implica, por sí sola, una modificación de la cartografía internacional. Los nombres geográficos utilizados por distintos países y organismos pueden variar según las decisiones de sus respectivas autoridades y los criterios de referencia que adopten.
Por ahora, Trump no anunció una orden ejecutiva ni un proyecto formal para cambiar el nombre del Atlántico o del Pacífico. Sus declaraciones abrieron un nuevo capítulo en la política de denominaciones geográficas que promueve su administración.
En agosto de 2026, el mandatario también firmó una orden para que el lago Ontario fuera denominado Lago América en los registros oficiales estadounidenses, una decisión cuestionada por Canadá, que mantiene la denominación histórica.
Todo lo que Donald Trump intentó bautizar con su nombre
Donald Trump convirtió su nombre en una marca mucho antes de llegar a la Casa Blanca. Sin embargo, durante su segundo mandato, esa estrategia adquirió una nueva dimensión: edificios públicos, programas gubernamentales, proyectos militares y hasta accidentes geográficos quedaron asociados a iniciativas que llevan su apellido o su imagen.
La tendencia alimenta las críticas de sus adversarios, que cuestionan el uso de instituciones públicas para construir una imagen personal y consolidar su legado político. Desde el entorno presidencial, en cambio, sostienen que los homenajes buscan reconocer los resultados de su gestión.
Del Kennedy Center a los aeropuertos: los nombres que Trump quiere instalar
Uno de los casos más controvertidos es el del Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, en Washington. La junta directiva de la institución, integrada por aliados del presidente, impulsó la incorporación del nombre de Trump al complejo cultural. La decisión abrió una disputa sobre las facultades legales para modificar la denominación de un organismo cuyo nombre fue establecido por el Congreso.
Otro episodio involucra al Aeropuerto Internacional Dulles, en las afueras de Washington, y a la estación Penn de Nueva York. Según informaciones periodísticas publicadas en Estados Unidos, la administración republicana planteó la posibilidad de cambiarles el nombre en el marco de negociaciones por fondos federales destinados a obras de infraestructura. La propuesta generó cuestionamientos y no dependía exclusivamente de la voluntad presidencial.
La estrategia también alcanzó al Instituto de Paz de Estados Unidos, que pasó a ser presentado con el nombre de Donald J. Trump. El argumento oficial apuntó a reconocer el papel del mandatario en la institución, aunque los cambios de denominación de organismos públicos y culturales abrieron debates sobre sus procedimientos y límites legales.
Programas económicos, moneda y proyectos militares con sello presidencial
La marca Trump también se extendió a iniciativas económicas. Entre ellas aparecen las Trump Accounts, cuentas de inversión y ahorro destinadas a niños elegibles, con un aporte inicial de u$s1.000 del Tesoro estadounidense bajo las condiciones establecidas por el programa.
A esa lista se suma la Trump Gold Card, una vía migratoria orientada a extranjeros con elevados recursos económicos, y TrumpRx, una plataforma vinculada a la compra de medicamentos. En ambos casos, la denominación refuerza la asociación directa entre las políticas públicas y la identidad del presidente.
En el terreno militar, la administración anunció una nueva clase de buques de guerra denominada Trump-class. El mandatario también quedó vinculado al nombre F-47, la designación de un nuevo proyecto de avión de combate, una referencia al hecho de que ocupa la presidencia número 47 de Estados Unidos.
La imagen presidencial llegó incluso a los pases de acceso a los parques nacionales, que incorporaron su retrato junto al de George Washington en una edición conmemorativa del 250° aniversario de la independencia estadounidense. La decisión generó objeciones por el uso de la imagen de un presidente en funciones en un documento oficial.
Del Golfo de México al océano Trump
La política de cambiar nombres geográficos constituye otra expresión de esta tendencia. Al comienzo de su segundo mandato, Trump impulsó el cambio de denominación del Golfo de México por Golfo de América para el uso oficial del Gobierno estadounidense. La medida provocó diferencias con México y abrió una disputa sobre el alcance de la decisión fuera de Estados Unidos.
En agosto de 2026, el mandatario también firmó una orden para que el lago Ontario fuera denominado Lago América en los registros oficiales estadounidenses, una decisión cuestionada por Canadá, que mantiene la denominación histórica.