El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a escalar el tono contra sus socios internacionales y apuntó directamente contra la OTAN por su escaso involucramiento en el conflicto contra Irán. En una serie de mensajes, el mandatario calificó de "cobardes" a los aliados históricos de Washington y cuestionó su falta de compromiso en un escenario que ya impacta de lleno en los mercados globales.
Donald Trump tildó de "cobardes" a sus aliados de la OTAN y aseguró que la alianza es solo "un tigre de papel" sin EEUU
EEUU y su principal aliado militar tensan la relación por la falta de involucramiento en el plan para desbloquear el estrecho de Ormuz. Durante la última semana, Reino Unido, Alemania e Italia respondieron que no enviarían barcos militares al corredor marítimo.
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La OTAN se aleja de Trump y rechaza intervenir en el estrecho de Ormuz
Trump critica a la OTAN por su desmarque sobre el estrecho de Ormuz.
"¡Sin Estados Unidos, la OTAN es un tigre de papel!", lanzó Trump en redes sociales, en una frase que sintetiza su malestar con el bloque.
La presión de Donald Trump sobre la OTAN
El reclamo no es nuevo, pero se da en un momento particularmente sensible. La Casa Blanca viene presionando a sus socios —que no fueron consultados ni informados previamente sobre el inicio de las operaciones el 28 de febrero— para que colaboren en una tarea clave: garantizar la seguridad del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, punto neurálgico por donde circula una porción significativa del comercio energético mundial.
El conflicto, que ya dejó miles de muertos y millones de desplazados, también sacudió los precios internacionales de la energía, con el petróleo en niveles elevados desde el inicio de las hostilidades. En ese contexto, Trump cuestionó la actitud de los países europeos, a quienes acusó de beneficiarse del resultado militar sin asumir costos.
"Ahora que esa lucha se ha ganado militarmente, con muy poco peligro para ellos, se quejan de los altos precios del petróleo que se ven obligados a pagar, pero no quieren ayudar a abrir el estrecho de Ormuz, una simple maniobra militar que es la única razón de los altos precios del petróleo. Es tan fácil para ellos hacerlo, con tan poco riesgo", escribió.
El planteo deja en evidencia una doble tensión: por un lado, la falta de coordinación previa con los aliados; por otro, la expectativa de Washington de que estos se involucren en la fase más crítica del conflicto, en particular en la protección de una vía estratégica que hoy condiciona tanto el flujo energético como la estabilidad de los mercados internacionales.
La OTAN se niega a involucrarse en la guerra con Irán
La acusación de Trump llegó luego del rechazo general de las naciones europeas a involucrarse en el conflicto en Medio Oriente. Durante la última semana, el Reino Unido, Alemania e Italia marcaron distancia de la ofensiva impulsada por Estados Unidos e Israel en el estrecho de Ormuz, en un contexto donde Irán consolidó el control sobre una de las rutas clave del comercio mundial de petróleo —por donde circula cerca del 20% del suministro—, presionando al alza los costos a nivel global.
Desde Londres, el primer ministro Keir Starmer fue categórico y dijo que el Reino Unido "no será arrastrado a una guerra". En la misma línea, el portavoz del gobierno alemán, Stefan Kornelius, descartó cualquier participación al señalar que “la OTAN no tiene nada que ver” con el conflicto en Medio Oriente.
La postura refleja no solo una decisión táctica, sino también una incomodidad política creciente frente a la estrategia de Washington. En Europa cuestionan tanto la falta de consulta previa como la presión posterior para involucrarse en una fase crítica del conflicto.
El propio Trump elevó la tensión al advertir que podría abandonar la OTAN si no recibe apoyo, una señal que en Berlín fue interpretada como el inicio de un escenario “muy sombrío” para la seguridad europea.
Aun así, Starmer intentó matizar el mensaje y sostuvo: "Estamos trabajando con todos nuestros aliados, incluidos nuestros socios europeos, para elaborar un plan colectivo viable que pueda restablecer la libertad de navegación en la región”, en referencia al impacto económico que ya se siente a nivel global. Así, el líder británico insistió en la necesidad de una rápida desescalada porque “cuanto más se prolongue (la guerra), más peligrosa se vuelve la situación y peor es para el coste de vida”.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, también se alineó con esa posición y descartó cualquier participación directa en Ormuz. "Sería entrar en la guerra", afirmó.
Su postura resulta significativa por el contraste con intervenciones recientes en otros escenarios, pero responde a una lógica de contención: evitar una escalada mayor en Medio Oriente. En ese marco, la dirigente puso el foco en la seguridad de los efectivos italianos desplegados en la región: "Nuestras bases en el Golfo son mi primera preocupación".
Meloni también confirmó una reducción del contingente militar italiano, limitado ahora al mínimo necesario para sostener misiones “importantes, internacionales y contra el terrorismo”. La conclusión, en Roma, es clara: cualquier acción en el estrecho implicaría un salto cualitativo en el conflicto. “Intervenir” en Ormuz "significa objetivamente dar un paso adelante", en la guerra en Medio Oriente.





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