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El juez no especificó una fecha para que Libby entre en prisión, aunque dijo no ver razones para dejar que el ex alto funcionario permanezca en libertad a la espera de posibles apelaciones.
En un breve alegato antes de que el juez anunciara su decisión, Libby, que siempre sostuvo su inocencia, pidió que no se lo condenara a prisión: «Espero que este tribunal tenga en cuenta, además del veredicto del jurado, toda mi trayectoria».
Libby presentó en su apoyovarias cartas de diferentes funcionarios de la Casa Blanca y el Departamento de Estado que recordaron la asistencia dada por él durante la Guerra Fría y la Guerra del Golfo.
Por su parte, el fiscal especial asignado al caso, Patrick Fitzgerald, pidió una sentencia ejemplar en el caso y que se impusieran a Libby hasta tres años de cárcel.
El caso comenzó en 2003, cuando el columnista Robert Novak publicó en un artículo el nombre de Plame y reveló que había recibido la información de dos altos funcionarios de la Casa Blanca.
La filtración a sabiendas del nombre de un agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en actividad es delito en Estados Unidos. Bush ordenó que se abriera una investigación sobre el caso. Hasta el momento no se han presentado cargos contra nadie por la filtración en sí, que Plame y su esposo, el ex diplomático Joe Wilson, consideran que tuvo motivaciones políticas.
Bush, que como jefe de Estado tiene el poder de conceder un perdón presidencial al ex alto funcionario, no intervendrá en el caso por el momento, a la espera de posibles apelaciones.
«El presidente dijo que se sentía terrible por la familia, sobre todo por su mujer y sus hijos», dijo Dana Perino, portavoz adjunta de la Casa Blanca, quien acompaña al mandatario estadounidense en su gira por Europa. Pese a ser poco conocido antes de que se destapara el « escándalo Plame», Libby fue una de las figuras más poderosas en la Casa Blanca y jugó un papel clave en el diseño de la estrategia para Irak.



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