El presidente Rafael Correa presentó ayer a Javier Ponce, el nuevo ministro de Defensa de Ecuador, quien mantuvo el tono de confrontación con los líderes castrenses. Poco después de sus declaraciones se conocieron las dimisiones.
Quito (EFE, AFP, Reuters) - La cúpula militar de Ecuador presentó ayer su renuncia en rechazo a las acusaciones del presidente Rafael Correa de que las agencias de inteligencia locales actúan bajo lineamientos de Estados Unidos, una crisis que se cobró la cabeza del ministro de Defensa.
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La dimisión de los cuatro miembros de la máxima jerarquía castrense marca un punto de inflexión en las relaciones hasta ahora cordiales de Correa con las Fuerzas Armadas, que han colaborado activamente en el manejo de áreas clave como la petrolera.
Correa acusó el sábado a Washington de controlar a muchos de los organismos de espionaje del país y de haber compartido información de inteligencia ecuatoriana con la vecina Colombia, en base a una publicación del diario capitalino «El Comercio». En la artículo, el periódico aseguró que la cúpula militar recibía anualmente entre 16 y 18 millones de dólares a cambio de datos clave.
«Hemos presentado la renuncia al presidente por el cuestionamiento» realizado «a las fuerzas armadas y eso no lo comparto», dijo a periodistas el influyente comandante del ejército, Guillermo Vásconez. El jefe del comando conjunto, Héctor Camacho, el oficial de más alta graduación, también hizo pública su dimisión.
Una fuente del comando conjunto de las fuerzas armadas dijo que pese a haber dimitido, el titular de la marina, contraalmirante Livio Espinosa, podría permanecer en su cargo. El comandante de la fuerza aérea, Jorge Gabela, sería removido.
Tensión
Quito rompió relaciones con Bogotá a principios del mes pasado, después de que fuerzas colombianas atacaran un campamento rebelde dentro de territorio ecuatoriano, matando al «número dos» de las FARC, «Raúl Reyes».
La tensión por esta crisis cambió de rumbo, cuando Correa defenestró al ministro de Defensa, Wellington Sandoval, en medio del malestar de la cúpula castrense, que le pidió audiencia para tratar « frontalmente» la supuesta injerencia estadounidense.
Sin antes reunirse con los militares, el presidente nombró en Defensa a su hasta ahora secretario particular, Javier Ponce.
La renuncia de los jefes castrenses se dio además en respuesta al discurso de Ponce, en el que urgió reorganizar las fuerzas militar y policial para blindarlas de influencias extranjeras.
El nuevo ministro, editorialistay analista, aseguró que la reforma de los sistemas de información de las fuerzas públicas debe orientarse a garantizar «la soberanía» del quinto productor de crudo de Sudamérica.
«La estabilidad de la democracia no se funda en el ocultamiento sino en el análisis de nuestros actos», dijo Ponce, un acérrimo crítico del accionar de las fuerzas armadas, una de las instituciones más poderosas del país andino y que ha jugado un papel clave en el desplome de tres presidentes desde 1997.
«El valor de hablar de la intromisión de la CIA en el país, lejos de provocar alzamientos de vestiduras debe ser una oportunidad para continuar ajustando la cooperación internacional a los objetivos nacionales», insistió Ponce, el cuarto ministro de Defensa de Correa, quien desde que asumió en enero de 2007 ha apelado a civiles para liderar a los militares.
La batalla entre las FF.AA. y Correa había comenzado semanas antes, cuando éste desconoció unos informes militares sobre presuntos contactos locales con la guerrilla de las FARC.
«La aparente pérdida del apoyo militar debilita al proyecto de largo plazo de Rafael Correa», explicó Carlos Espinosa, un experto en seguridad de la Universidad de San Francisco, en Quito. «Esto no significa un golpe de Estado, pero Correa tendrá que ser más cuidadoso en sus accciones porque no tiene el apoyo militar», concluyó.
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