18 de marzo 2008 - 00:00

EE.UU. recoge frutos de incipiente pacificación

Bagdad - La violencia ciega desatada sobre Irak tras la invasión ha comenzado a remitir y Al-Qaeda parece perder posiciones, pero el precio es que la sociedad está cada vez más armada y cada grupo -sunitas, chiitas y kurdos- confía su seguridad a sus propias milicias.

En marzo de 2003, cuando una coalición multinacional encabezada por EE.UU. invadió Irak, el país árabe tenía un régimen despótico que controlaba la seguridad con mano de hierro y discrecionalidad, apoyado en un ejército amplio y bien organizado.

El Irak de hoy es un polvorín, lejos de los niveles de violencia extrema que se alcanzaron hace un año, pero donde el incipiente ejército reconstruidode las cenizas es incapaz todavía de garantizar la seguridad en muchos lugares ni muestra mucha voluntad de desarmar a las milicias.

«Hemos registrado una disminución de la violencia. Sin embargo, algunas milicias y grupos fuera de la ley continúan sus actividades por la ineficacia de las tropas iraquíes y la situación política del país», afirmó el general Abu Hassan, uno de los dirigentes de las fuerzas de seguridad en Irak.

Hassan considera que la «falta de confianza» entre las distintas partes del proceso político, sea entre sunitas y chiitas,o entre árabes y kurdos, los ha llevado a crear sus propias fuerzas por temor a las otras. Varios expertos iraquíes consideran importante poner el país bajo la observación de la ONU y plantear un nuevo proceso político, sin ocupación, para evitar una guerra civil.

  • Reconciliación

    En los últimos días, políticos iraquíes presentaron al secretario general de la ONU, Ban Kimoon, un informe en el que piden que esa organización asuma la supervisión del proceso en Irak para que se pueda alcanzar la reconciliación nacional. El informe describe la situación como «miserable» por las «destrucciones que ha sufrido el país durante los cinco años de ocupación, la continuación de la violencia sangrienta y el fracaso en el proceso político».

    Pese al descenso de su actividad, algunos grupos insurgentes relacionados con Al-Qaeda se han instalado en zonas del norte de Irak, sobre todo en las provincias de Salahedín, Nínive y Diyala. Sin embargo, las acciones del grupo islámico han disminuido gracias, entre otras cosas, a la presión de los llamados «consejos de salvación», o milicias de voluntarios sunitas que luchan contra esa red terrorista.

    Esas milicias, como apunta un general de la policía iraquí en la provincia de Salahedín que prefiere identificarse sólo como «Issa», han sido útiles en la lucha contra el terrorismo, pero no dejan de ser otro grupo armado que sólo responde a sus propios líderes tribales sunitas. En ese sentido, consideró que el gobierno todavía no ha logrado imponer la ley y garantizar la protección de los derechos humanos, en muchas zonas del país.

    Mientras, Estados Unidos sigue acusando a Irán de estar detrás de una violencia que no cesa. El almirante Patrick Driskol, jefe adjunto del Departamento de Contactos Estratégicos de las fuerzas de la coalición, cree que «hay organizaciones en Irán que prosiguen con la financiación y el entrenamiento de grupos criminales que luego envían a Irak». Al respecto, aseguró que durante las operaciones militares llevadas a cabo últimamente por la coalición se han hallado cohetes de fabricación iraní de un calibre de 240 milímetros, «pese a que las autoridades iraníes han prometido al gobierno iraquí no intervenir en los asuntos internos de su país».

    Driskol agregó que, según un informe del Pentágono, «el progreso logrado por el ejecutivo en el ámbito de la seguridad todavía es débil, por lo que está condicionado -a largo plazo- a la capacidad que tenga el país de resolver asuntos de índole política y económica». Asimismo, advirtió de que el papel de las milicias kurdas «peshmerga», que operan en el norte del país, irá en aumento en la medida en que Al-Qaeda, la milicia radical chiita ejército del Mahdi y otras formaciones políticas con brazo armado supongan una amenaza para la seguridad del país.

    Un portavoz del Parlamento del Kurdistán, Tareq Yauhar, indicó recientemente que la incorporación de los « peshmerga» (compuestas por entre 50.000 y 70.000 milicianos) al ejército iraquí todavía requerirá de tiempo.

    El primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, declaró hace dos años, cuando presentó su candidatura, que su prioridad sería disolver todas las milicias e incorporar a sus miembros al ejército. Dos años después, las milicias están más fuertes que nunca e Irak vive una engañosa y relativa calma, a la espera de avances reales.
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