EE.UU. teme fracaso y ya piensa en retiro de Irak
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Un soldado estadounidense detiene a un sospechoso de terrorismo en la localidad iraquí
de Muqtadiya, a 90 kilómetros de Bagdad. Pese al envío de decenas de miles de soldados
más, EE.UU. no logra pacificar Irak.
En enero pasado Bush ordenó que 21.000 soldados se sumen al contingente de 140.000 que EE.UU. mantiene en Irak, y sostuvo que ese incremento temporal de fuerzas ayudaría al gobierno local a establecer su control, al menos en Bagdad.
A principios de febrero las fuerzas de la coalición norteamericana, apoyadas por las iraquíes, lanzaron un plan de seguridad con el objetivo de reducir la violencia sectaria entre sunnitas y chiitas. Sin embargo, el operativo estuvo lejos de lograr su objetivo y diariamente la capital es sacudida por atentados terroristas con coches bombas, kamikazes, escuadrones de la muerte, y enfrentamientos con la insurgencia. Más tarde, el Pentágono subió la apuesta y solicitó que se agreguen 9.000 soldados a los solicitados con anterioridad.
El Congreso, donde ahora los demócratas tienen mayoría en ambas cámaras, ha estado debatiendo ideas que van desde el recorte de fondos para la guerra hasta la imposición de objetivos y plazos para que EE.UU. retire gradualmente sus tropas del país musulmán. El diario citó a un funcionario del Pentágono diciendo que «esa parte del mundo tiene alergia a la presencia extranjera. Hay una ventana de oportunidad que es pequeña».
La nueva estrategia, según «Los Angeles Times», implicaría apartarse de forma « radical de la política actual del presidente Bush, que consiste en el envío de un gran número de tropas con tácticas agresivas contra la insurgencia, pero tiene influyentes partidarios en el Pentágono».
«La nueva ronda de planificación ocurre en una atmósfera de tensión extraordinaria adentro del Pentágono que está lidiando con una guerra que pronto entrará en su quinto año, que va mal en el terreno y que pone grandes demandas sobre todas las fuerzas de EE.UU. en el mundo entero», concluyó.
Por otro lado, el médico general del ejército de EE.UU., el teniente general Kevin Kiley, que había sido duramente criticado debido a la atención médica deficiente a soldados heridos, fue reemplazado, informaron ayer las fuerzas armadas.
Kiley, el máximo oficial médico del ejército, presentó su «solicitud para retirarse» el domingo y fue reemplazado de inmediato por su segundo al mando, el mayor general Gale Pollock, indicó un comunicado del ejército.
Kiley había sido criticado por la prensa y políticos luego de que el mes pasado «The Washington Post» informara que los soldados heridos en Irak y Afganistán están viviendo en pésimas condiciones y luchan contra una compleja burocracia para recibir tratamiento y beneficios.



