10 de septiembre 2010 - 23:50

"El 11-S seguirá presente en los norteamericanos por mucho tiempo"

Por Adrián Royo Caldiz.- "Fue un horror, me afectó muchísimo," comentó el Agregado Cultural de la embajada de EEUU John Finn al describir los terribles hechos que sufrió la mañana del 11 de septiembre de 2001 en Washington DC.

Al acercarse un nuevo aniversario de los ataques terroristas a las Torres Gemelas y el Pentágono, Finn aseguró que a pesar de haber cerrado las heridas que dejaron los atentados, el horror del 11-S "seguirá presente en los norteamericanos por mucho tiempo."

"La situación ha mejorado, pero para los Estados Unidos fue una situación muy impactante que causó un drástico cambio de actitud y el comienzo de una nueva era en la cual nada iba a ser igual," explico el representante del gobierno norteamericano a ámbito.com.

Finn explicó que la gravedad del ataque quedaría marcada en la memoria del colectivo estadounidense para siempre. "Mis padres aún recuerdan el día en que Pearl Harbor fue atacada durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que creo que el 11-S seguirá presente en los norteamericanos por mucho tiempo."

Durante una charla realizada en conjunto por la embajada de Estados Unidos e ICANA para recordar el noveno aniversario de los atentados, el Agregado Cultural rememoró su experiencia en las calles de Washington DC el día de los ataques y el caos vivido por los ciudadanos que intentaban de forma desesperada llegar a sus hogares para reencontrarse con su familia. "Tardé entre cinco y seis horas en llegar a casa ya que todos los sistemas de transporte público habían sido suspendidos," explicó.

La charla también incluyó la presencia de varios ciudadanos argentinos presentes en Nueva York el día de la tragedia, quienes describieron de forma detallada el calvario que se vieron forzados a vivir.

El cineasta Javier Arano, quien se dirigió al público desde Ecuador vía Skype, relató que en la mañana del 11 de septiembre se dirigía a encontrarse con su psicóloga cuando presenció los ataques. Irónicamente, explicó, fue él quien terminó brindándole apoyo a su psicóloga, afectada por lo que había sucedido.

Luego fue el turno de Ernesto Schafran, quien en el año 2001 realizaba una Maestría en Derecho en la Universidad de Columbia, y describió la intensidad que se respiraba en las calles.

"De repente me encontré en el medio de una guerra. Mi primera reacción fue enviarle un correo electrónico a mis padres, avisándoles que estaba bien. Manhattan era una ciudad sitiada. No había ni electricidad, ni agua y las líneas telefónicas no funcionaban," explicó.

Ernesto comentó que unos días después se acercó a la zona de Ground Zero para ver personalmente el lugar del desastre. "El olor a muerte, a putrefacción de cuerpos humanos era impresionante," describió, y concluyó diciendo que a su entender, el 11-S terminó con una era que había nacido con la caída del Muro de Berlín en 1989.

"En los '90 parecía que el mundo se había tranquilizado, había menos guerras, menos conflictos y se creía que se podría alcanzar la paz mundial. El 11-S terminó con todo eso," dijo, y agregó que "ahora nos toca vivir una situación de incertidumbre en la cual no sabemos por qué nos atacan."

Las autoridades de ICANA también presentaron dos obras de arte inspiradas en los acontecimientos de ese día: "Tiempos inhumanos" por Malena Gainza, un collage representando el momento en que una de las torres era impactada por un avión y "Cielos blancos" de Verónica Caminos, en el cual un mapa de las estrellas y constelaciones se mezclan con coordenadas y nombres de ciudades que han sido víctimas de ataques terroristas.

Caminos, una arquitecta argentina que esa mañana estaba volando desde Los Ángeles a Nueva York, vio cómo de repente su avión era forzado a realizar un aterrizaje de emergencia en Indianápolis. Al enterarse de lo que pasaba, alquiló una camioneta junto a muchos otros pasajeros y se dispuso a manejar hasta Nueva York mientras sus acompañantes iban bajándose en el camino. Según relata, fue la intensidad de esta experiencia la que la inspiró para crear su pintura.

Mientras tanto en Buenos Aires, Gainza, a 8500 kilómetros de distancia, observaba horrorizada las imágenes transmitidas por televisión que servirían de inspiración a su obra cuatro años después.

"La horrenda brutalidad del hecho se contraponía a la absurda belleza estética de la imagen visual. Ese suelo tan azul, marcando esas inmensas torres de plata con ese avioncito como de juguete estallando en fuego bermellón y humo de plomo," concluyó.

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