Washington (EFE) - La ceremonia de juramento del segundo mandato del presidente estadounidense, George W. Bush, estará rodeada de una seguridad sin precedentes, que incluirá el despliegue de cerca de 6.000 agentes y perros adiestrados para detectar bombas.
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Según explicó ayer el secretario de Seguridad Nacional saliente, Tom Ridge, en una rueda de prensa, los servicios de seguridad no han detectado indicios sobre posibles planes de atentados pero, dada la importancia del acontecimiento, la vigilancia estará al máximo nivel. «La seguridad estará en los niveles más altos jamás vistos en una investidura», declaró Ridge, quien recordó que la ceremonia que tendrá lugar el próximo día 20 en el Capitolio, sede del Congreso, «es la manifestación más visible de nuestra democracia».
Entre los planes figura el despliegue de patrullas móviles, vigilancia constante de los edificios relacionados con la ceremonia y una estricta supervisión de los medios de transporte.
En la vigilancia de la jura del cargo y del desfile presidencial desde el Capitolio hasta la Casa Blanca participarán distintos organismos de seguridad, entre ellos, el Servicio de Guardacostas, que se encargará de la vigilancia del Río Potomac, o el Servicio de Aduanas.
El dispositivo, del que Ridge no quiso proporcionar detalles por razones de seguridad, estará coordinado por el Servicio Secreto, encargado de la protección presidencial.
La Administración Federal de Aviación, encargada de la supervisión del espacio aéreo, ha anunciado que ese día expandirá la zona de exclusión aérea en torno al centro de la capital, actualmente de 25 kilómetros a la redonda, hasta los 37 kilómetros.
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