27 de mayo 2005 - 00:00

El bloque está en la cuerda floja

Bruselas - Si los países fundadores son el corazón de Europa, puede decirse que la Unión ha entrado en riesgo de infarto. La posibilidad de rechazo al tratado constitucional en Francia y Holanda, la crisis política desatada en Alemania y el bajón económico general, que en el caso de Italia es ya una recesión, han colocado al club comunitario en la cuerda floja.

Las incertidumbres creadas en cuatro de las seis naciones que hace 48 años firmaron el Tratado de Roma -junto con Bélgica y Luxemburgo- son graves porque no se limitan a un mero tropiezo en la aprobación de un tratado cualquiera o a un bache en las negociaciones del próximo paquete financiero de la UE, sino que afectan de lleno al proyecto de integración de la Europa ampliada.

La publicación en Francia de nuevos sondeos reafirma el vigor de la predisposición a rechazar la Constitución europea. Con la salvedad de los propios partidarios del «no», todos los dirigentes europeos están de acuerdo en que un resultado negativo en este país significaría la muerte del tratado y abriría una profunda y larga crisis en la Unión, dada la dificultad y peligrosidad de una reapertura y renegociación del texto, así como de un hipotético intento de repetir la consulta, al menos a medio plazo.

• Alivio

Un «sí» francés representaría un alivio e incluso un aliciente de moral. Pero la sensación podría durar sólo tres días, pues no es seguro que la euforia cree una inercia suficiente para inducir el «sí» en los Países Bajos, donde las encuestas señalan entre 54% y 60% de partidarios del «no» de cara al referendo del 1 de junio. El dato aparece atenuado por el hecho de que un tercio de los votantes se muestra aún indeciso. El resultado de la consulta no es legalmente vinculante, pero el Parlamento se ha comprometido a respetarlo siempre que la participación supere 30%. Y aunque los Países Bajos sea un país pequeño, también es miembro fundador y el socio que más dinero per cápita aporta a las arcas comunitarias.

Los datos de los sondeos, los análisis locales y la experiencia de otras consultas complicadas otorgan un fuerte componente doméstico al debate sobre la Constitución en Francia y Países Bajos. Como tantas otras veces, y éste es un problema que la UE no acaba de superar, millones de ciudadanos descontentos con sus políticos nacionales van a pasar por críticos hacia un proyecto comunitario y se disponen a dar una patada a sus gobernantes en el trasero de toda Europa. Las razones del malestar son en gran parte comunes y tienen que ver con las dificultades económicas y con la resistencia a las reformas del «modelo social europeo» o Estado de Bienestar; con la debilidad de las sociedades europeas para afrontar la competencia con los países emergentes; y, como elemento más vinculado a la UE, con el miedo por ahora injustificado a que la reciente ampliación y las que están por venir -véase la entrada de Turquía- atraigan incontenibles olas de inmigrantes. Unas inquietudes que también estarían detrás del revolcón sufrido por Gerhard Schröder en Renania del Norte-Westfalia y de su consiguiente determinación de adelantar los comicios legislativos.

• Reflejo

La cicatería de los países ricos a la hora de apostar financieramente por la UE da la medida del verdadero alcance de su europeísmo, a la vez que refleja la mala racha que sus cuentas públicas atraviesan. Algunos analistas creen que el «no» francés puede agravar la situación por la vía de una pérdida de confianza de los inversores e incluso de una depreciación del euro, aunque otros consideran que los efectos del rechazo a la Constitución están ya «descontados por los mercados». En todo caso, conviene recordar que Alemania, Francia e Italia, tres de los socios que afrontan los mayores déficit públicos, aportan ellos solos 70% del PBI europeo. La producción de Holanda, que tampoco está para fiestas, aunque haya mejorado en los últimos trimestres, equivale por su parte a la de todos los países de la última ampliación.

Las elecciones en Alemania y las repercusiones del posible «no» francés en el panorama político de este país plantean, además, grandes dudas sobre el futuro del motor francoalemán y, por tanto, de la propia UE a medio plazo. La candidata a suceder a Schröder, la democristiana
Angela Merkel, mantiene lógicamente lazos de amistad política con la UMP de Jacques Chirac. Pero las posturas de uno y otro ante la ocupación de Irak y en relación con la entrada de Turquía en la Unión han sido diametralmente opuestas. Y habrá que ver cuánto dura el gobierno de centroderecha en Francia.

Dejá tu comentario

Te puede interesar