El fracaso de 30 años de sanciones
-
El presidente de Irán, a todo o nada contra Trump: "Estamos dispuestos a morir"
-
La Guardia Revolucionaria iraní responde a Trump y promete atacar infraestructura de EEUU en Medio Oriente
Las sanciones occidentales contra Birmania son inoperantes también porque no son compartidas por los vecinos o algunos países importantes (Tailandia, China, India, Rusia, Japón), con lo que el aislamiento comercial y político de la junta está muy lejos de ser completo. Desde el descubrimiento de fabulosos recursos energéticos en Birmania, la actitud de esos países se está haciendo cada vez más hostil a las sanciones.
Políticamente, las sanciones sirven para endurecer a los militares más y más, alimentar su desconfianza y xenofobia, y confirmar las probablemente ilusorias expectativas de cambio de régimen de la oposición, la Liga Nacional para la Democracia (LND), el partido de la señora Suu Kyi, que considera un sacrilegio cualquier contacto con los militares. Ese integrismo es comprensible, porque en 1990 la junta le robó las elecciones, pero no es razonable porque en Birmania, el ejército es el Estado, y fuera de él no hay un gran terreno para lo político.
La junta birmana no reposa sobre una estructura administrativa civil subalterna, sino que son los militares quienes manejan las riendas de todo. Hasta los dirigentes de la opositora LND son ex altos mandos del régimen militar.
El drama militar de Birmania es resultado directo del colonialismo británico, que a finales del XIX desmanteló por completo las instituciones de la sociedad tradicional local, incluida su monarquía, en represalia a la orgullosa y tenaz resistencia birmana. Después de 1948, el ejército fue la única institución capaz de lidiar con un caos y un vacío, que fueron doble resultado de una colonización brutal y una descolonización dramática por sus circunstancias.
Tras la independencia, el país fue un hervidero de conflictos armados, étnicos, comunistas, anticomunistas, algunos de ellos claramente instrumentados desde el exterior (Estados Unidos, China, Tailandia). Ese cuadro dio lugar a la guerra civil más larga del siglo XX. Los militares supieron concluirla en los noventa, firmando 28 acuerdos de paz de diversos contenidos que han sido un gran avance. Pero la situación es muy frágil y fácilmente reversible a la menor inestabilidad. La oposición no tiene una política clara en eso, que es lo más fundamental para la paz, el desarrollo y la democracia.
Birmania es un país que aún «se está haciendo», desde el punto de vista de su unidad interna e integridad territorial. Con entre 40 y 140 grupos étnicos, según la clasificación, si entra en un proceso desintegrador, podría resurgir fácilmente media docena de conflictos armados.




Dejá tu comentario