Nueva York - Los estadounidenses pensaban que estas cosas sólo ocurríanen China, en algún país del profundosur asiático o en las películas de Hollywood, pero nunca al otro lado del puente de Brooklyn, donde el fiscal del distrito acaba de revelar la existencia de una macabra red de ladrones de cuerpos. Mil cadáveres, seis casas funerarias, un especialista en entierros y un doctor sin escrúpulos están detrás del escándalo que tiene temblando a los neoyorquinos, como si no tuvieran poco con alertas antiterroristas en el subterráneo.
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La exclusiva la ofrece en portada del «Daily News», con foto robada del malo de la película: Michael Mastromarino, 42 años, cirujano maxilofacial suspendido como médico por «uso de cocaína y otros narcóticos». Tras pasar varios meses en programas de rehabilitación, decidió crear su propia empresa, Biomedical Tissues Services, especializada en material para trasplantes.
Según la investigación del fiscal de Brooklyn,-el tal Mastromarino llevaba cinco años diseccionando cadáveres, de espaldas a la ley y sin el consentimiento de los familiares, para extraer órganos, huesos, tejidos, tendones, venas, arterias, ligamentos y trozos de piel que luego vendía a precio de oro a las compañías que se dedican legalmente a la compraventa de material humano para trasplantes y terapias.
• Cataclismo
Al menos seis funerarias de Brooklyn están bajo investigación; Mastromarino les pagaba al parecer hasta 500 dólares por poder despiezar a un muerto, y allí se plantaba con el cuerpo aún caliente, con todo su material quirúrgico para practicar asépticamente el robo. Los empleados funerarios cosían y recomponían después el cadáver para que los familiares no notaran nada.
El escándalo del supuesto ladrón de cuerpos ha creado un cataclismo dentro de la industria de la biotecnología, ante las imprevisibles ramificaciones de la investigación. La comercialización de órganos donados para trasplantes y terapias médicas mueve legalmente al año unos 600 millones de dólares en Estados Unidos.
Los especialistas han advertido del valor al alza de estos productos humanos. «Una onza de hueso procesado para un implante cuesta más que una onza de oro», advierte un cirujano dental. Según la Fiscalía, Mastromarino podría haber vendido su motín de estos cinco últimos años por más de 100.000 dólares. Por el momento, el ex cirujano está bajo investigación y en libertad: el «Daily News» captó el jueves la única instantánea que existe de él, saliendo de su lujosa casa en Fort Lee.
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