14 de octubre 2021 - 00:00

El millonario engullido por las turbulencias sociales

El mandatario conservador fue acusado de no haber conectado con las desigualdes que despertaron las protestas sociales de 2019.

Santiago - El presidente de Chile, Sebastián Piñera, un hábil y millonario empresario, quedó en una encrucijada en la recta final de su segundo gobierno, marcado por un estallido social, una crisis económica y sanitaria, y ahora enfrascado en la incertidumbre por un proceso de destitución.

A sus 71 años, Piñera, dueño de un patrimonio estimado en 2.700 millones de dólares, según la revista Forbes, ganó su segundo mandato en 2017 bajo el lema “Únete a tiempos mejores”, algo que a casi un mes de las elecciones que elegirán a su sucesor resuena como una ironía tras cuatro años de tormentas sociales, derrumbe de la confianza en las instituciones y una profunda desconexión entre la sociedad y la élite que en Chile, históricamente, se identifica a un grupo de familias con poder económico y político.

El escenario chileno dio un giro radical tras el estallido social de octubre de 2019, cuando hubo multitudinarias protestas desatadas por un aumento del pasaje del metro que terminaron por sumar un gran reclamo contra un modelo de libre mercado con ausencia del Estado en educación, salud, pensiones y sin bienestar social.

Luego llegaron la pandemia y la recesión económica, pero cuando los signos de recuperación le daban un respiro al mandatario, la publicación de los Papeles de Pandora sobre la venta de la Minera Dominga en 2010 por parte de una empresa de los hijos de Piñera volvieron a empañar su imagen.

Solo unos días antes del estallido social del 18 de octubre de 2019, Piñera afirmó que Chile era “un oasis” en América Latina.

Esa noche, cuando Santiago ardía de rabia, el Presidente fue sorprendido disfrutando de una pizza en un restaurante en un exclusivo sector de Santiago. Aquella imagen de él rodeado de sus nietos fue para una mayoría de los chilenos un reflejo de la división entre una élite desconectada de las clases media y trabajadora.

Sorprendido por la fuerza del movimiento social, Piñera tuvo que renunciar a sus aspiraciones internacionales y cancelar la organización del encuentro de líderes de APEC y la cumbre del cambio climático de la ONU COP-25, que iban a poner a Chile en un papel estelar en esos días.

Las protestas fueron canalizadas en un proceso constituyente. Una Convención paritaria elegida en las urnas en mayo está redactando una nueva Carta Magna, que sustituirá a la heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), acusada de ser una de las causas de la desigualdad social.

En 2010 se convirtió en el primer presidente de derecha desde el regreso de la democracia, en 1990. Y desde ese primer periodo (2010-2014) encarna la trinidad en la raíz de la fractura entre población y líderes: poder económico, político e institucional.

Este doctor en economía de Harvard, que piloteaba su propio helicóptero, exaccionista de la aerolínea chilena LAN -hoy la internacional LATAM-, un canal de televisión y un club de fútbol, le tomó tiempo renunciar a sus inversiones cuando llegó por primera vez al Palacio de La Moneda.

Hijo de un exembajador democratacristiano, Piñera fue el único gran empresario chileno abiertamente opositor a Pinochet. Elegido senador al volver la democracia, se alineó con la centroizquierda en votaciones cruciales en el Congreso, por lo que era visto con desconfianza por los sectores radicales de la derecha.

Casado con Cecilia Morel, padre de cuatro hijos y con nueve nietos, terminó su primer gobierno con una popularidad del 50%, mientras hoy su desaprobación es de un 68%, según la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), previa a la publicación de los Papeles de Pandora.

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