15 de septiembre 2005 - 00:00

El origen de un conflicto religioso

Chiitas y sunnitas, las dos principales ramas del islam, están enfrentadas en Irak a tal punto que muchos evocan el espectro de una guerra civil abierta entre ambas.

Los primeros constituyen 60% de la población iraquí y sólo son mayoría también en Irán: en el resto del mundo islámico son minoría (en una proporción de nueve a uno) y están social, política y económicamente subordinados a los sunnitas.

Durante el régimen de Saddam Hussein, los chiitas, que predominan sobre todo en el sur del país, fueron un sector generador de permanentes rebeliones y, por ello, constituyeron uno de los grupos sociales más castigados por la dictadura.

¿Pero cuál es la diferencia doctrinaria entre ambos?
Los sunnitas profesan la fe islámica basándose en la «Suna»: la tradición expresada por la vida y la obra del profeta Mahoma (siglo VII). Parte importante de este cuerpo doctrinario está dado por los dichos y comentarios del fundador de la más joven de las religiones monoteístas.

La herencia política de Mahoma dividió a ambos grupos tempranamente.
Los sunnitas creen que es legítimo todo líder que, elegido para tal fin debido a sus excepcionales dotes religiosas, tenga la capacidad para dirigir religiosa y políticamente a los musulmanes. Los chiitas, en cambio, sólo aceptan como tal a alguien que sea descendiente de Mahoma, dado que sólo el vínculo de sangre concede dotes de infalibilidad en materia religiosa y política.

Los chiitas tomaron su nombre de la expresión «Shiat Ali» (seguidores de Ali), el cuarto sucesor del profeta, su primo y yerno, que lideró el islam entre 656 y 661 de la era cristiana. De este modo, sólo reconocen, además de a Ali, a otros once imanes. Creen, además, que el último de ellos, Al Mahdi, no ha muerto, sino que vive oculto desde el siglo IX y que algún día regresará.

Según cuenta la tradición, en la llanura de Kerbala tuvo lugar, en el año 680, el sacrificio del hijo de Ali, Hussein, quien fue masacrado con 72 fieles de las tropas del califa Yazid. Ese episodio marcó la fractura decisiva entre el islam sunnita y el chiita.

La muerte de Hussein es celebrada cada año con la «Ashura», la recordación religiosa más sagrada del pueblo chiita.

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