Cataluña: el socialismo ganó y se presentará a la investidura, pero independentistas tendrán mayoría absoluta

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El líder del PSC, Santiago Illa, obtuvo la victoria y confirmó que irá en busca de la investidura tras obtener el 23% de los votos, por encima del 21% de Esquerra Republicana, que de todas formas ostentará la mayoría del parlamento junto a Junts, de centroderecha, y la CUP. La participación cayó al 45,6%.

Escenario en 2017 de un intento de secesión, Cataluña celebró este domingo comicios regionales marcados por la pandemia y la elevada abstención en los que el jefe de gobierno español Pedro Sánchez aspira a desplazar a los separatistas del poder. Con el 98% escrutado, el socialismo PSC obtiene la mayor cantidad de votos, pero los partidos independentistas se quedarían con el mayor número de escaños en el parlamento.

El Partido Socialista liderado por Santiago Illa se posiciona en primer lugar con el 23% de los votos y 33 escaños, con lo cual podrá acudir a la investidura, algo que el propio candidato confirmó que hará.

Sin embargo, el izquierdista Esquerra Republicana de Catalunya, que alcanza el 21%, obtendría 33 escaños en la asamblea de 135 asientos, mientras que Junts, de centroderecha, obtendría entre 30 y 33, con lo cual lograrían una mayoría absoluta en el parlamento.

Guantes, mascarillas, distancias, gel hidroalcohólico, control de accesos: la pandemia y las medidas sanitarias eclipsaron la jornada electoral, que debe terminar a las 19H00 GMT con el voto de personas contagiadas o en cuarentena.

Para esta situación excepcional, las autoridades equiparán a las personas movilizadas en los centros de votación con equipos de protección integral con monos blancos, pantallas faciales y guantes.

Pese a todas estas medidas y la leve mejora de la epidemia en el país, que todavía registra altos índices de contagios, la participación se desplomó.

A las 18H00 (17H00 GMT), solo había participado un 45,6% de los 5,6 millones de electores, la cifra más baja desde 2006 y 22 puntos por debajo de los comicios en 2017, que batieron un récord de movilización.

"Dudé hasta el último momento si venía a votar o no (...) Creo que estas elecciones deberían haberse pospuesto", reconocía Cristina Caballero, una educadora infantil de 34 años en Barcelona.

"Es evidente que no es el mejor momento para hacer elecciones (...), pero cuando vas a trabajar cada día en metro, también te estás exponiendo", decía Sergi López, otro votante de 40 años.

El gobierno regional había intentado aplazar los comicios a finales de mayo por la pandemia pero la justicia lo impidió.

Aunque se temía a una desbandada de los ciudadanos designados por sorteo para trabajar en el dispositivo electoral --más de un 40% habían pedido no ir--, todos los puntos de votación funcionaban con normalidad a media mañana.

"Tenía miedo a venir, pero también a que te multen si no vienes. Al final, no te queda opción", dijo Xavier Navés, técnico audiovisual de 45 años.

Para minimizar el riesgo de contagio, las autoridades establecieron puntos de votación en espacios abiertos como el entorno del estadio del FC Barcelona o una plaza de toros en la ciudad de Tarragona.

En todos ellos, los votantes entraban a cuentagotas para evitar aglomeraciones y hacían fila en el exterior bajo una molesta e intermitente lluvia.

"Después dirán que hay mucha abstención. Está lloviendo, hay colas, nos estamos mojando...", criticaba Josep Maria Prats, un trabajador sanitario de 59 años en Barcelona.

La caída de la participación añade incertidumbre a la ajustada lucha entre los dos partidos separatistas del gobierno regional, Juntos por Cataluña (JxC) e Izquierda Republicana (ERC), y los socialistas de Pedro Sánchez, con intenciones de voto de alrededor del 20% según las encuestas.

El dirigente español se empleó a fondo en estos comicios, acompañando en repetidas ocasiones a su candidato y exministro de Sanidad Salvador Illa, que se dio a conocer como principal gestor de la pandemia.

Una teórica victoria puede resultarles estéril para arrebatar el poder a los separatistas, que se comprometieron por escrito a no pactar con los socialistas.

A pesar de sus divisiones internas, los sondeos auguran a los partidos independentistas una nueva mayoría absoluta en el Parlamento regional (135 escaños).

Cataluña, de 7,8 millones de habitantes, vive sumida en la inestabilidad política con cinco elecciones regionales desde 2010, cuando empezó a crecer el movimiento independentista que alcanzó el poder en 2015.

La tensión alcanzó su punto máximo en octubre de 2017, por la celebración de un referéndum ilegal de autodeterminación y la fallida proclamación de una república independiente bajo la presidencia de Carles Puigdemont, huido después a Bélgica.

Desde entonces, el proceso separatista está paralizado por las fuertes desavenencias entre la línea más dura de JxC de Puigdemont y la estrategia moderada de ERC, que aspiran a arrebatarles el liderazgo del independentismo.

"Para mí, la independencia es la única solución y votaré independentista, pero muy enfadada porque no lo hacen bien, solo se pelean", decía Neus Madrilas, una mujer de 76 años.

El desenlace de esta pelea interna puede repercutir en la estabilidad de Pedro Sánchez, cuyo gobierno de coalición minoritario se sustenta entre otros en los diputados de ERC en el Congreso español.

Previsiblemente, el escrutinio dejará un panorama muy fragmentado que complicará las negociaciones para formar gobierno, hasta el punto que varios analistas no descartan una posible repetición electoral.

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