En medio del misterio, se casó Chelsea Clinton
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La pequeña localidad de Rhinebeck, al norte de Nueva York, está conmocionada desde hace semanas por los preparativos de la boda.
Se especula que unos 500 invitados asistían al festejo, entre ellos el director de cine Steven Spielberg, la diseñadora Vera Wang y la ex secretaria de Estado Madeleine Albright. El resto de los detalles se mantuvieron bajo estricto secreto con el fin de cumplir con los deseos de privacidad de Chelsea y su esposo.
Los sitios de chismes en internet también hablaron de la presencia de Oprah Winfrey. El presidente Barack Obama había descartado su asistencia.
"No iré y debo decir que será suficientemente difícil tener a un presidente en la boda como para querer tener a dos presidentes", declaró Obama al programa "The View" de la cadena ABC.
Los curiosos aguardaron expectantes. "Esto es emocionante. Hay tantos problemas en el mundo, pero todo se detiene este sábado por esta boda", dijo Anne McConnell, que aseguró un banco estratégicamente situado frente a la Beekman Arms con la esperanza de ver a miembros de la familia Clinton.
"Es una pena que no la pasen por televisión", dijo. "Esto debería ser transmitido en vivo como la boda de la princesa Diana".
El periódico The New York Daily News informó que los empleados del Hotel Beekman Arms, que se considera el más viejo aún en funcionamiento en Estados Unidos, no pueden revelar nada sobre la boda, al punto que se les prohibió decir la palabra "Clinton", bajo amenaza de ser expulsados.
Bill Clinton, presidente entre 1993 y 2001, quien lucía más estilizado luego de que su hija le pidió especialmente perder peso para la ocasión, llegó a Rhinebeck el viernes y respondió a las preguntas de curiosos y periodistas, con comentarios especialmente afectuosos sobre su próximo yerno. "Lo admiro. Hillary también" subrayó.
Así como nada se sabe sobre la lista de los invitados, tampoco fueron revelados detalles sobre la ceremonia, la que según expertos en bodas podrían costar entre tres a cinco millones de dólares.
Las especulaciones sobre los altos costos de la boda han suscitado las críticas de varios congresistas, que ven con recelo una celebración fastuosa cuando el país aún no se recuperó de una de sus peores crisis económicas.
"Esto está fuera de control", opinó el columnista de Boston Globe, Beckham Falcone. "Esto no es de buen gusto".




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