En soledad, murió "el banquero de Dios"

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Phoenix, Estados Unidos (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - A los 84 años, murió el lunes, enfermo y refugiado en su casa de Arizona, el «banquero de Dios», Paul Marcinkus, el arzobispo estadounidense que manejó, durante casi 20 años, las finanzas de la Iglesia Católica y protagonizó el mayor escándalo financiero de la entidad en el caso del Banco Ambrosiano.

Marcinkus murió el lunes por la noche en su casa de Sun City, un barrio a 25 kilómetros al noroeste de Phoenix, informó Becky Gonzales, portavoz de la diócesis de esa ciudad.

El arzobispo estadounidense, seguro, de 1,91 metro y de porte erguido, fue absuelto en 1985 de todas las acusaciones, pero en 1990 se vio obligado a dejar el Vaticano y retirarse en EE.UU. tras una larga negociación entre Italia y la Santa Sede.

Paul Casimir Marcinkus era «muy temido y poco amado», según cuenta su biógrafo Gianni Morandi. Hijo de emigrantes lituanos, nació en el barrio de Cicero, entonces perteneciente a la vecina ciudad de Chicago, el 15 de enero de 1922. De su primer trabajo como limpiacristales que compartió con su padre, pasó a ordenarse sacerdote a los 23 años. Estudió en la Universidad Gregoriana y en la Pontificia de Roma, y tras dos años en la Secretaría de Estado vaticana, estuvo destinado como secretario a las nunciaturas de Bolivia y Canadá hasta su regreso a Roma, en 1959.

Fue entonces cuando aprovechó su gran oportunidad al tener que hacer de traductor de inglés del papa Pablo VI, quien le otorgó su confianza, respaldada poco después por su mentor económico David Kennedy, de la Continental Bank of Chicago y posterior secretario de Estado con Richard Nixon.

A partir de ahí, su carrera se disparó y en 1968 fue nombrado secretario del Instituto para Obras de Religión (IOR), más conocido como la Banca Vaticana, a cuya presidencia accedió en 1971 hasta 1989.

  • Ascenso
  • En 1981, Juan Pablo II lo designó propresidente de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, se convirtió en su guardaespaldas y lo nombró arzobispo.

    Marcinkus se codeó con los principales banqueros estadounidenses y cosechando éxitos como salvar el déficit de la Santa Sede tras el Concilio Vaticano II (1962-1965), cuando ocupaba la Secretaría del IOR, caja fuerte de accionistas y empresarios católicos. Y también fracasos.

    Dos personajes se cruzaron en su vida: el banquero siciliano Michele Sidona, cuya bancarrota le costó al Vaticano cerca de 30 millones de dólares; y Roberto Calvi, un modesto contable y presidente del Banco Ambrosiano de Milán, del que el IOR era accionista con 16%. En su quiebra fraudulenta, en 1982, se vio implicado Marcinkus por haber cubierto una serie de operaciones de distracción en el extranjero.

    Su socio Calvi huyó a Inglaterra el 11 de junio de 1981 y, siete días después apareció « suicidado», ahorcado en un puente de Londres. Se supo entonces que Calvi figuraba en las listas de los miembros de la P-2 y en las de la masonería inglesa. Saltaron a escena tramas donde se ven envueltas la mafia, la masonería y enredos múltiples sin resolver.

    La viuda de Calvi implicó en la quiebra del Ambrosiano a Marcinkus, a Giulio Andreotti, Bettino Craxi y Flamingo Piccolo, y según ella, su marido estaba tratando con el Opus Dei la posibilidad de que éste comprara 16% de la Banca Ambrosiana que hubiera impedido el crac.

    Además de Calvi, otro banquero, conocido como el «banquero de la mafia», Michele Sindona, miembro de la poderosa logia masónica P2 como Calvi, murió asesinado en 1986 por sus relaciones con el escándalo financiero.

    Contra Marcinkus se dictó orden de búsqueda y captura, pero se refugió en las murallas del Vaticano. Su caso fue llevado a la Corte Suprema italiana, que anuló la orden y dictaminó su no procesamiento en virtud del artículo 11 del Tratado Lateralense, que lo salvó de pasar por la cárcel.

  • Decadencia
  • Comenzó su declive, y el 10 de marzo de 1989 fue cesado por la Santa Sede como presidente del IOR. Un año después, presentó su dimisión como pro-presidente de la Comisión Pontificia y preparó su retiro espiritual.

    En 1990, el poderoso «banquero de Dios» regresó a sus orígenes, a su archidiócesis natal de Chicago, como simple sacerdote, para ocuparse de las almas y no de los óbolos de Dios.

    El Vaticano indicó anoche que «no hará declaraciones oficiales sobre ese tema», afirmó un vocero de la oficina de prensa de la Santa Sede.

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