28 de marzo 2008 - 00:00

Enigma Moqtada: islam y armas

Manifestaciones en apoyo al clérigo extremista Moqtada al-Sadr fueron ayer el panorama en varias regiones de Irak.Hay extrema tensión por un levantamiento chiita.
Manifestaciones en apoyo al clérigo extremista Moqtada al- Sadr fueron ayer el panorama en varias regiones de Irak. Hay extrema tensión por un levantamiento chiita.
El clérigo Moqtada al-Sadr, figura central del Ejército del Mahdi, quien llamó a una rebelión en protesta por la ofensiva lanzada contra su milicia por el gobierno iraquí, es un líder islamista de gran prestigio entre la juventud empobrecida de los suburbios de Bagdad.

Apoyado en la memoria de su padre, es un férreo opositor a la invasión estadounidense en su país y lidera una milicia compuesta por miles de hombres denominado el Ejército del Mahdi, creado en abierto desafío al control de armas impuesto por las fuerzas de la coalición lideradas por Estados Unidos.

Se estima que tiene unos 30 años, y para sus simpatizantes, es una figura cuya sabiduría trasciende su edad, aunque para sus detractores, es sólo un radical ansioso e inexperto cuyo objetivo es dominar las instituciones chiitas más sagradas de Irak.

Hijo menor de Muhammad Sadiq Sadr -un alto clérigo chiita asesinado en 1999 por fuerzas del gobierno iraquí- Moqtada era antes de la invasión comandada por Estados Unidos en marzo de 2003 una figura virtualmente desconocida fuera de Irak.

De físico imponente y cara redonda, este joven clérigo de larga barba -que niega legitimidad al gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki- tiene el don de atraer a sus fieles con un discurso político simple y repleto de referencias religiosas.

Testarudo y algo nervioso según sus seguidores, este «sayyed» (descendiente del profeta) no alcanzó aún la dignidad de «moujtahid» (sabio), lo que le permitiría interpretar los textos sagrados.

La caída del régimen de Saddam Hussein reveló su base de poder: una red de instituciones chiitas de caridad fundadas por su padre.

Las semanas inmediatas tras la invasión, los seguidores de Moqtada al-Sadr patrullaron las calles de los barrios periféricos chiitas de Bagdad y distribuyeron grandes cantidades de agua y alimentos.

La resonancia poderosa de su nombre se evidencia en el hecho de que el distrito chiita de la capital iraquí conocido antes como «Ciudad Saddam» fue rebautizada «Ciudad Sadr».

El joven clérigo es conocido por sus enardecidos discursos en los que exhorta a la aplicación de la ley islámica, al tiempo que despierta el orgullo nacional, llamando a los líderes espirituales a que participen activamente en el futuro político de Irak.

Tras el derrocamiento de Saddam, visitó en reiteradas oportunidades el vecino Irán, donde se reunió con altos funcionarios de la República Islámica que buscan influir en el sur de Irak chiita a través de su figura.

En abril de 2003, apenas dos días después de la caída de Bagdad, los seguidores del clérigo fueron acusados del asesinato de Abdul Majid Khoei, un dirigente chiita moderado que había trabajado desde el exilio con los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido, lo que fue enérgicamente negado por Moqtada.

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