Islamabad (Reuters) - Los trágicos episodios de la Mezquita Roja en Pakistán ponen de manifiesto el problema de las madrasas, escuelas islámicas, consideradas semilleros de extremistas islámicos.
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Pakistán cuenta con unas 13.000 madrasas, según datos oficiales, pero otras fuentes las cifran en unas 20.000. Proveen una escolarización rudimentaria, educación religiosa intensiva y cobijo y alimentación a cerca de 1 millón de niños de familias pobres. Algunas son centros de prestigio, en los que se enseñan diferentes escuelas de pensamiento islámico, filosofía y jurisprudencia. Hay pocas madrasas para niñas, una de las cuales funcionaba en la Mezquita Roja.
La mayoría de estas escuelas islámicas enseña el pensamiento Deobandi, una interpretación extrema del islam cuyos adherentes incluyen a los talibanes de Afganistán y a militantes de movimientos radicales paquistaníes. Algunas de ellas son apenas una fachada de organizaciones extremistas.
Aumento espectacular
Pakistán registró un espectacular aumento en el númerode madrasas en los años 80, cuando éstas, financiadas desde Occidente y países árabes, se convirtieron en centros de reclutamiento de voluntarios islámicos para combatir a las tropas de ocupación soviéticas en Afganistán. Más tarde, algunas proveyeron militantes al régimen talibán, que protegía a Al-Qaeda y fue desalojado del poder por las fuerzas lideradas por EE.UU. en 2001.
Las madrasas se financian a través de colectas y donativos llegados desde el exterior, particularmente entregados por grandes empresas.
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