15 de octubre 2002 - 00:00

Estalló cohete ruso con laboratorio espacial


Un cohete portador Soyuz-U ruso estalló hoy poco después de su lanzamiento desde el cosmódromo de Plesetsk, al nordeste de Moscú, con el objetivo de poner en órbita un laboratorio científico de la Agencia Europea del Espacio.

El Centro de Control de Vuelos Espaciales ruso dijo a la agencia Interfax que el cohete portador explotó por razones desconocidas en el segundo 29 desde su lanzamiento, que tuvo lugar a las 18.20 GMT y fue efectuado por las Fuerzas Espaciales de Rusia.

Las primeras informaciones hablaron de una explosión en el minuto 29 del vuelo, pero posteriormente corrigieron y precisaron que fue menos de medio minuto después del lanzamiento, cuando el cohete agotaba el combustible de la primera de sus tres fases.

El CCVE informó de la explosión pocos minutos después de anunciar la pérdida de la comunicación telemétrica con el Soyuz-U, cuando aún tenía la esperanza de recuperar el contacto en una sesión de enlace posterior.

Las Fuerzas Espaciales y Rosaviakosmos, la agencia cósmica rusa, se limitaron a confirmar el "accidente" de Soyuz-U, que será investigado por una comisión gubernamental rusa.

Un portavoz de las Fuerzas Espaciales añadió que hasta la fecha en Plesetsk se habían realizado 426 lanzamientos de cohetes Soyuz-U, de los cuales 16 han fracasado por accidentes.

Al anunciar hoy el lanzamiento del cohete, un portavoz militar dijo que había sido "exitoso", y afirmó que el laboratorio, tras alcanzar su órbita, "funcionará en interés de la Agencia Europea del Espacio (ESA) y de Rosaviakosmos".

El Soyuz-U, con una masa de 300 toneladas, es un cohete de tres fases con capacidad de satelizar cargas de hasta siete toneladas a orbitas elípticas de entre 200 y 400 kilómetros de altura.

Fotón-M, con una masa de 6.425 kilos, consta de tres módulos: la batería, la cápsula de servicio y un módulo recuperable de descenso que no necesita paracaídas, pues para frenar dispone de motores de retropropulsión.

El fallido lanzamiento de hoy del Fotón-M, fabricado en Rusia, era el número 13 desde el inicio de la serie en 1985.

Por su forma esférica, el laboratorio internacional se parece al Sputnik, el primer satélite artificial de la Tierra que la URSS puso en órbita el 4 de octubre de 1957.

Durante los quince días y 16 horas que iba a permanecer en el espacio, el Fotón-M debía realizar experimentos científicos y tecnológicos, producir materiales industriales y compuestos biotecnológicos.

Estos experimentos y algunos equipos a bordo del Fotón-M fueron elaborados por científicos de Rusia, de diez países de la ESA, así como de Estados Unidos, Canadá, Indonesia, China y Japón.

Respecto a la importancia de la misión, los expertos destacaban los experimentos de biología espacial para estudiar microorganismos en condiciones de ingravidez y en el interior de una pequeña cámara centrífuga destinada a crear en órbita condiciones de microgravedad.

Para realizar estos experimentos, ideados por científicos de Rusia, Francia, Alemania, Holanda y China, se debía utilizar un aparato IBIS, fabricado por centros de biología espacial de Burdeos, Toulouse y Montpellier (Francia).

El Fotón-M fue construido en el centro ruso de investigaciones espaciales Progress de la ciudad de Samara, en los Urales, y debía transmitir la información de las pruebas científicas a dos centros de comunicación ubicados en Rusia y Suecia.

Los científicos esperaban recuperar parte de los materiales investigados gracias al módulo de retorno del Fotón-M, que debía efectuar un descenso suave y controlado en un lugar que las autoridades rusas habían evitado revelar.

Rusia tiene previsto efectuar el próximo jueves otro lanzamiento por encargo de la Agencia Espacial Europea desde el cosmódromo de Baikonur, en Asia Central, para poner órbita el satélite Integral, un laboratorio internacional de astrofísica de rayos gamma.

En un proyecto conjunto de Rusia, EEUU y la ESA, dicho satélite llevará a bordo equipos científicos para realizar experimentos ideados por científicos de Italia, Francia, Alemania, Dinamarca y España.

Con el satélite Integral, en la ESA esperan proporcionar a la astronomía "las vistas hasta ahora más claras y nítidas de los confines más extremos del Universo".

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