3 de octubre 2005 - 00:00

Europa se complica más en su crisis

Madrid - Europa va de mal en peor. Cuando los líderes de la Unión se fueron de vacaciones tras el portazo de Francia y Holanda a la Constitución y el batacazo de la cumbre donde tenían que haber acordado los presupuestos 2007-2013, la sensación general era que el proyecto europeo había tocado fondo y ya no podía caer más. Error.

Un mes después de la rentrée, la situación es peor y el horizonte más sombrío. Los problemas internos en Alemania, Francia e Italia; el empeoramiento de la situación económica por la suba del petróleo; el pésimo ambiente creado ante el inicio de las negociaciones de adhesión de Turquía; y la falta de ideas nuevas para salir del marasmo que domina al club comunitario sumieron a Europa en la desorientación total. El estancamiento es patente en Bruselas, donde «los veinticinco» llevan meses sin sacar adelante ni una sola iniciativa sustancial. La crisis europea es completa tanto en lo político como en lo económico, ya que en ambos terrenos tiene una dimensión a escala de la UE y otra en el ámbito interno de sus principales socios.

Si el fracaso del tratado constitucional dificulta la gestión de la Unión ampliada y abre una vía de agua en el proyecto común, los conflictos políticos en los estados más importantes agrandan el bache y entorpecen las soluciones.

El endiablado panorama surgido de las urnas en Alemania y los problemas de salud de Jacques Chirac no ayudan a la recuperación del motor franco-alemán. En Roma, Silvio Berlusconi aparece más y más cuestionado, incluso por sus socios de gobierno, tras la aparatosa dimisión del ministro de Economía, Domenico Siniscalco.

En la otra de las cuatro grandes capitales, Tony Blair sigue resistiendo vientos y mareas: en casa no le va mal. Pero en Bruselas, donde la presidencia británica ha alcanzado ya el ecuador de su mandato, todo el mundo se pregunta qué pasa con los grandes planes y las fantásticas ideas sobre innovación y crecimiento que el premier presentó en su brillante discurso de junio ante la Eurocámara.

En lo financiero, las dificultades que la escalada del petróleo añade a unas economías de crecimiento ya muy raquítico, no animan a la generosidad de los Estados y por tanto no alimentan la confianza en un acuerdo sobre los presupuestos de la Unión para los próximos años; si los socios lo alcanzan será porque están obligados a ello para evitar la pérdida de importantes proyectos en los países del Este.

• Menor crecimiento

Las perspectivas de solución a los problemas comunitarios y nacionales no son realizables a corto plazo. Por un lado, la Comisión Europea acaba de rebajar por enésima vez su previsión de crecimiento en la zona euro (de 1,6% a 1,2% en 2005); por otro lado, la Unión sigue sin ver la luz al final del túnel en lo que se refiere al naufragio de la Constitución.

Dos de los aspectos cruciales de la crisis europea, el puzzle poselectoral en Alemania y el debate sobre la entrada de Turquía, se acercan a su desenlace. Pero en ambos casos la mejor de las soluciones aparece de antemano dudosa y sujeta a vaivenes. Berlín no tiene grandes posibilidades de una coalición de gobierno lo bastante sólida para recuperar el timón de la UE.

Y en cuanto a las negociaciones para el ingreso del país euroasiático, cuyo arranque hoy pende aún de que Viena retire el último obstáculo, el creciente rechazo político y social a la adhesión amenaza con convertir el proceso en el gran dolor de cabeza de Europa en los próximos años.

Dejá tu comentario

Te puede interesar