Europa se complica más en su crisis
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Un mes después de la rentrée, la situación es peor y el horizonte más sombrío. Los problemas internos en Alemania, Francia e Italia; el empeoramiento de la situación económica por la suba del petróleo; el pésimo ambiente creado ante el inicio de las negociaciones de adhesión de Turquía; y la falta de ideas nuevas para salir del marasmo que domina al club comunitario sumieron a Europa en la desorientación total. El estancamiento es patente en Bruselas, donde «los veinticinco» llevan meses sin sacar adelante ni una sola iniciativa sustancial. La crisis europea es completa tanto en lo político como en lo económico, ya que en ambos terrenos tiene una dimensión a escala de la UE y otra en el ámbito interno de sus principales socios.
Las perspectivas de solución a los problemas comunitarios y nacionales no son realizables a corto plazo. Por un lado, la Comisión Europea acaba de rebajar por enésima vez su previsión de crecimiento en la zona euro (de 1,6% a 1,2% en 2005); por otro lado, la Unión sigue sin ver la luz al final del túnel en lo que se refiere al naufragio de la Constitución.
Dos de los aspectos cruciales de la crisis europea, el puzzle poselectoral en Alemania y el debate sobre la entrada de Turquía, se acercan a su desenlace. Pero en ambos casos la mejor de las soluciones aparece de antemano dudosa y sujeta a vaivenes. Berlín no tiene grandes posibilidades de una coalición de gobierno lo bastante sólida para recuperar el timón de la UE.
Y en cuanto a las negociaciones para el ingreso del país euroasiático, cuyo arranque hoy pende aún de que Viena retire el último obstáculo, el creciente rechazo político y social a la adhesión amenaza con convertir el proceso en el gran dolor de cabeza de Europa en los próximos años.




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