Feroz cruzada educativa de una tirana desopilante

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Los métodos de la bisnieta de una de las maestras bostonianas que trajo Sarmiento, a la vez que hacen reír, actualizan el debate sobre las políticas de educación, muchas veces contaminadas por prejuicios discriminatorios, clasistas o autoritarios.

Los versos del Himno a Sarmiento "Por ver grande a la Patria tú luchaste/ con la espada, con la pluma y la palabra" parecen haber hecho carne en la mesiánica protagonista de "La maestra serial", bisnieta de una de aquellas maestras bostonianas que "el padre del aula" trajo al país.

Asumiendo el fracaso de aquel proyecto y tras haber quedado cesante por sus excesos metodológicos, la mujer llevará a cabo una feroz cruzada educativa en la vía pública.

Es un personaje políticamente incorrecto, que hace caso omiso de los factores sociales que condicionan el acceso a la formación más básica y que poco tiene que ver con los habituales arquetipos de maestra del humorismo argentino.

La pieza de Gonzalo Demaría no sólo retrata a una auténtica "talibana" de la docencia, también la involucra en oscuras y divertidas peripecias impulsadas por su afán de erradicar la ignorancia a cualquier precio. Y dado que el personaje utiliza las palabras como un arma, su autor hizo que el lenguaje tuviera un particular protagonismo dentro de esta historia y que la erudición circulante diera pie a la comicidad. "Conjúgueme, ya, el verbo roer", ordena la maestra para sacudir la apatía de un funcionario poco instruido. "¿Qué es un oxímoron?", le pregunta a un iletrado rebelde, para luego explicar el concepto con ejemplos elocuentes (porque esta maestra nunca deja de educar, incluso al público). Su fijación con las figuras poéticas, la etimología, la gramática, las citas en inglés y el "multiple-choice" provoca gran hilaridad en la platea, por contraste con la jerga vulgar que ella misma remeda en su declaratoria ante un oficial de justicia.

Su exposición alterna con situaciones de rica teatralidad como la pelea con el cartonero o el cruce con una travesti en quien cree reconocer -"por debajo del maquillaje"- al "bárbaro" caudillo Facundo Quiroga.

En su cuarta temporada a sala llena, la pieza mantiene su buen ritmo y el fascinante despliegue actoral de Lucila Gandolfo. Su maestra encarna en sí misma la contradictoria dupla "civilización y barbarie" y actualiza el debate sobre las políticas de educación, muchas veces contaminadas por prejuicios discriminatorios, clasistas o de impronta autoritaria.

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