7 de abril 2006 - 00:00

Fin de campaña con actos masivos

Lima (enviado especial) --Más allá de los feroces cruces entre los candidatos, a los que no ha estado ajena la prensa, se realizaron anoche los actos finales de campaña, masivos todos, en lo que podría considerarse la versión más sana y «normal» de la política.

Ollanta Humala hizo su acto final en Arequipa, la principal ciudad del interior, de donde espera sacar los votos que le permitan repetir el batacazo de Evo Morales.

Orador enfático, más ducho en la consigna y el golpe emocional que en la elaboración de propuestas, repitió los ejes de su cierre del miércoles en esta capital. «Somos un nacionalismo moderno, que se afianza en la libertad de expresión y en la defensa de nuestra soberanía y nuestros recursos naturales, no en el autoritarismo», dijo, a la vez que prometió acabar con los «políticos macerados» y «revisar los contratos de las trasnacionales que no pagan impuestos». Con todo, volvió a aclarar: «No habrá estatización ni expropiación».

Mientras, Lourdes Flores, Alan García y el ex presidente Valentín Paniagua cerraron anoche sus campañas en el centro de Lima, a escasas cuadras uno de otro, movilizando en conjunto a más de 200 mil personas en una competencia por el espacio público que representó bien la lucha sin tregua por el voto de los indecisos.

Flores dijo haber juntado unas 100 mil personas en un acto que terminó pocos minutos antes del comienzo de la veda electoral. Horas antes había brindado una conferencia de prensa en el barrio de San Isidro, en la que acusó al presidente venezolano, Hugo Chávez, de «intromisión» en beneficio de «su ahijado» Humala.

«Hay un eje Chávez-Fidel Castro que busca presencias y aliados, una intromisión que es un gravísimo error y que el pueblo peruano rechazará», disparó la postulante de Unidad Nacional.

No se privó, claro, de criticar a Humala por sus propuestas, a las que definió como «pobres». «Con él, el Perú estaría retrocediendo a los años 70. Hablan de nacionalización de industrias y actividades, lanzan mensajes adversos a la libertad de expresión, se quiere dar marcha atrás en inversiones ya existentes en el país», indicó.

  • Distancia

    Con todo, buscó distanciarse del mote de «candidata de los ricos» que le han colocado, sobre todo debido a su elección como compañero de fórmula de Arturo Woodman, un hombre vinculado a Dionisio Romeri, considerado el empresario más poderoso de Perú. Con ese fin olvidó por un rato su ADN ideológico y denunció «el fracaso del modelo neoliberal de los 90» y proclamó una nueva era de « transformación social, con más salud, educación e infraestructura». ¿Será suficiente el sesgo más popular que le dio a su candidatura en los últimos días para asegurarse un lugar en el segundo turno? Posiblemente, aunque no la ayudan las indirectas pero continuas alusiones del presidente, Alejandro Toledo, en su favor, dada la impopularidad del primer magistrado.

    García, en tanto, juntó anoche una multitud en el Paseo de los Héroes Navales, frente al Palacio de Justicia, el mismo lugar que eligió Humala el miércoles. Horas después de bailar y cantar en la TV, volvió a prometer «más trabajo con justicia social» y aseguró que hará cumplir las leyes laborales, entre ellas la jornada de 8 horas, uno de sus mayores caballitos de batalla.

    La movilización de simpatizantes y militantes de su Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), que según los organizadores movilizó a 150 mil personas, estuvo a tono con la potencia de la agrupación, lo más cercano a los grandes aparatos políticos que conocemos en la Argentina.

    Muy cerca también cerró Paniagua, un centrista que dejó una buena imagen en su interinato de un año tras la huida de Alberto Fujimori. Pero su campaña mostró lentitud de reflejos, poniendo toda la carne en el asador en las últimas 48 horas de campaña, cuando Flores ya estaba consolidada en el espacio moderado. Según los más pesimistas de sus críticos, su empecinamiento en mantener una candidatura a la que no se le asigna una intención de votos mayor a 6% sólo servirá para restarle sufragios vitales a Lulú para y terminar de delinear el escenario de pesadilla de los mercados y los inversores extranjeros: un ballottage entre el populista penitente García y Humala, quien no da por ahora indicios de cejar en un discurso asusta a muchos.
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