20 de noviembre 2006 - 00:00

Francia: la izquierda dura amenaza chances de Royal

El nuevo rostro del socialismo francés, Segolene Royal, peleará por la presidencia el año próximo con un lenguaje centrista. ¿La acompañarán los votantes de la izquierda tradicional?
El nuevo rostro del socialismo francés, Segolene Royal, peleará por la presidencia el año próximo con un lenguaje centrista. ¿La acompañarán los votantes de la izquierda tradicional?
El discurso de investidura de Madame Royal alojó más consignas socialistas de cuantas había deslizado en cuatro semanas de campaña. La candidata del PS a la presidencia condenó el «liberalismo atroz», hizo hincapié en las políticas de izquierda y mencionó la importancia de la cobertura social.

No es que Segolene haya renunciado a la iluminación blairista, pero es consciente de que llevar al centro al Partido Socialista o derechizarlo implica un riesgo de balcanización en las fuerzas electorales de la izquierda. No sólo porque tiene que granjearse a 40% de los militantes que impulsaron en la interna a Strauss-Kahn y a Fabius, sino también porque la aspiración de llegar a la segunda vuelta de las presidenciales no puede comprenderse sin valorar en serio la complejidad del mapa político de la «gauche».

Los partidos trotskistas franceses sumaron 10% de los votos en los comicios de 2002. Sin contar la alternativa republicana de Chevènement (5,3%), los Verdes, los comunistas y los aguerridos antiliberales. Dicho de otro modo: la izquierda redondeó inútilmente 25% de los sufragios en la primera vuelta de los comicios, excluido el pésimo resultado de Lionel Jospin, cuyo liderazgo del PS apenas superó 16 por ciento y lo condenó a contemplar el segundo turno desde la televisión.

  • Optimismo

  • Segolene Royal maneja expectativas mucho más optimistas que el viejo elefante, pero los movimientos de la izquierda de la izquierda entienden que su proyección hacia posiciones pseudoliberales ha dejado vacante un espacio electoral que antes no existía y que puede colmarse desde la candidatura antiglobalizadora de Bové, la Lucha Obrera, la Liga Comunista Revolucionaria (LCF) o el Partido Comunista. No son exactamente anacronismos ni movimientos trasnochados.

    La constelación delimita un espacio relevante donde pueden sentirse identificados los fabiusianos del PS, los militantes antisegolenistas y los enemigos de la tercera vía, se formule como se formule. «Ahora que los socialistas se han quitado la máscara y se van hacia la derecha, hay que ofrecer un partido donde pueda reconocerse la verdadera izquierda», explicaba Olivier Besancenot, jovencísimo candidato de la LCF.

    «Muchos votantes del PS no entienden que para vencer a Sarkozy haya que aferrarse a la biblia de la seguridad y del liberalismo», añade el militante comunista.

    La maniobra política de Royal responde a la idea de colocar el partido en un espacio más dañino para Nicolas Sarkozy, su próximo rival en las presidenciales. Ambos quieren trabajarse el centro y el juguete del reformismo, aunque Sarkozy, el llamado «policía de Francia», le gusta a la mitad de los votantes de Jean-Marie Le Pen en el ámbito de la extrema derecha. Su rival femenina, en cambio, necesita hacer un esfuerzo de reconciliación para llegar a la segunda vuelta sin el fantasma de Jospin. No va resultarle fácil aglutinar a trotskistas y ultrarrevolucionarios, pero sí puede cortejar a los líderes de peso que manejan un discurso menos radical.

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