Francia honra al "héroe" Paty, un profesor decapitado por mostrar caricaturas de Mahoma

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Un refugiado checheno asesinó al hombre por la acción que tomó en una clase sobre la libertad de expresión en 2020.

Un año después del brutal crimen de un profesor, decapitado por mostrar caricaturas del profeta Mahoma en clase, las escuelas de Francia se esfuerzan por enseñar los valores fundamentales sin avivar las tensiones religiosas.

Samuel Paty, de 47 años, fue asesinado al salir de la escuela secundaria donde enseñaba Historia y Geografía en el tranquilo suburbio parisino de Conflans-Sainte-Honorine, el 16 de octubre de 2020.

Su asesino, Abdullakh Anzorov, un refugiado checheno de 18 años, llevaba años viviendo en el país y reivindicó el ataque como una venganza después de que el hombre mostrara en clase caricaturas de Mahoma en una lección sobre la libertad de expresión.

La clase estaba integrada por alumnos de 14 y 15 años. Allí, Samuel mostró al profeta desnudo a cuatro patas, lo cual desató una despiadada campaña de desprestigio en internet.

El sábado, se celebrarán varias ceremonias en París y en Conflans-Sainte-Honorine en memoria del popular profesor, aclamado por el presidente Emmanuel Macron como un "héroe tranquilo" de la República Francesa, un Estado laico.

La violenta muerte de Paty conmocionó a Francia, donde se consideró un ataque a los valores fundamentales inculcados por los profesores a generaciones de escolares, y relanzó el debate sobre la libertad de expresión, la separación entre Iglesia y Estado y el derecho a blasfemar.

Para el sociólogo Michel Wieviorka, fue un ataque a la idea, muy apreciada por los franceses, "de que los niños dejen sus diferencias en la puerta cuando entran al colegio" para tomar una senda de "progreso, civilización y conocimiento".

Miles de personas marcharon entonces por toda Francia en defensa de la libertad de expresión, en escenas que recordaron a las concentraciones que tuvieron lugar tras el asesinato en 2015 de dibujantes de la publicación satírica Charlie Hebdo, cuyas caricaturas justamente mostró Paty a sus alumnos.

Algunos profesores reconocen no obstante que el asesinato de su colega les ha llevado a ejercer una forma de autocensura. "Ahora sopeso cada palabra", dijo una compañera de Paty al diario Libération, que no reveló su identidad.

La mujer teme que sus comentarios puedan ser "malinterpretados por los estudiantes y ampliamente difundidos como ocurrió con Samuel".

Otra profesora en una ciudad cercana a Conflans-Sainte-Honorine, que tampoco quiso ser identificada, dijo que ahora también aboga por la "contención" cuando habla de religión con su clase.

La campaña, iniciada por el padre de una alumna que afirmó falsamente que Paty había pedido a los alumnos musulmanes abandonar el aula, llamó la atención de Anzorov, que pagó a estudiantes del profesor para que se lo señalaran cuando salía del trabajo.

La policía mató a tiros al joven extremista poco después de que perpetrara el asesinato.

El ataque tuvo lugar en pleno debate sobre la iniciativa de Macron contra lo que denominó "separatismo islamista", que apuntaba a los musulmanes conservadores que rechazan el laicismo, la libertad de expresión y otros valores enseñados en la escuela.

Los críticos de izquierda acusaron a Macron de estigmatizar a la mayor comunidad musulmana de Europa y de complacer a la extrema derecha de cara a las elecciones de 2022.

Pero, a la derecha, los votantes y los políticos reclamaban desde hacía tiempo una acción más dura para restaurar la autoridad del Estado en lo que un grupo de profesores describió en un libro de 2015 como los "territorios perdidos de la República".

Entre ellos se encuentra el controvertido polemista Éric Zemmour, posible candidato a la presidencia en las elecciones de abril, que declaró que el asesinato de Paty es una prueba de que Francia está en una "guerra civil" con los islamistas radicales.

Zemmour, al que algunos sondeos sitúan en el balotaje con Macron con un discurso antiislam y xenófobo, insiste en la necesidad de que los inmigrantes se asimilen a la sociedad francesa.

Para Wieviorka, sin embargo, la idea de que los recién llegados deban renunciar a las costumbres y la cultura de sus países de origen no es defendible. "Ese es el viejo modelo francés que ya no funciona", asegura.

Este sociólogo contrasta la defensa del laicismo de los ministros con la realidad en las escuelas, donde los alumnos interpelan a diario a los profesores sobre las leyes que protegen el derecho a burlarse de la fe y que muchos musulmanes estiman que va principalmente contra el islam.

Los profesores "no están preparados para eso", aseguró este experto. Para ayudarles a dar respuestas, el ministerio de Educación ha desarrollado una serie de herramientas educativas, como un "guía republicana" que se envía a cada escuela y una serie de carteles sobre el laicismo.

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